Elección municipal de 2014 (Proceso Electoral 2013.
La elección para la presidencia municipal de Puebla se celebró el 7 de julio de 2013, como parte de los comicios intermedios estatales que renovaron ayuntamientos y el Congreso local. Este proceso consolidó la alternancia y el control panista en la capital, extendiendo el dominio albiazul iniciado en 2011. José Antonio “Tony” Gali Fayad, del Partido Acción Nacional (PAN), fue postulado por la coalición “Puebla Unida”, integrada principalmente por PAN, PRD, Nueva Alianza (PANAL) y Compromiso por Puebla (CPP), con candidaturas comunes adicionales de Movimiento Ciudadano (MC) y Pacto Social de Integración (PSI). Su principal contendiente fue Enrique Agüera Ibáñez, de la alianza “5 de Mayo” o “Mover a Puebla” (PRI-PVEM). Otras fuerzas como el PT (con Miguel Ángel Ceballos) y opciones menores participaron, aunque con impacto limitado. Gali, con un perfil empresarial y experiencia previa como Secretario de Infraestructura estatal bajo Rafael Moreno Valle, capitalizó la popularidad de la gestión de Eduardo Rivera Pérez y prometió continuidad en infraestructura, seguridad, movilidad y modernización urbana.
La administración de Antonio Gali Fayad (2014-2016, con licencia en 2016 para buscar la gubernatura y posterior interinato de Luis Banck) se enfocó en proyectos emblemáticos de imagen urbana: arreglos en el Zócalo, mejoras viales, pavimentación, alumbrado y movilidad. Se promovió una narrativa de “Puebla moderna” con énfasis en turismo y atracción de inversiones. Sin embargo, enfrentó cuestionamientos por incremento de la deuda pública, críticas por obras que beneficiaban más al centro que a periferias y demandas sociales crecientes en agua, transporte y seguridad. Tensiones internas panistas (por sucesión y control del partido) y presiones priistas por futuras alianzas marcaron el periodo. Pese a desafíos, esta victoria consolidó una era de predominio azul en la capital, extendiendo el control panista hasta 2018 y reforzando la narrativa de “buen gobierno” que caracterizó la primera mitad de la década.
En síntesis, la elección de 2013 en Puebla capital reflejó un electorado que premió continuidad y estabilidad en medio de problemas urbanos estructurales como crecimiento desordenado, agua, transporte e inseguridad. Los datos electorales muestran cómo las amplias coaliciones y el voto útil definieron un resultado claro, mientras el PRI, aunque competitivo, no logró revertir el desgaste acumulado. Esta contienda consolidó patrones de alternancia controlada, polarización moderada y dependencia de alianzas que marcarían el desarrollo político posterior del municipio.

