Ser Abogado
Es una carrera que imprime
carácter como pocas y conlleva una estructura mental muy especial.
Cada
12 de julio, en México, se festeja el Día del Abogado. La tradición dice que es
porque ese día, pero de 1533, se impartió la primera cátedra de Derecho en la
entonces Nueva España. La efeméride bien vale la pena para reflexionar un poco
sobre esta carrera, la cual también implica una vocación.
¿Cómo
escribir sobre el ser abogado sin caer en lo que tanto se nos critica? Quizá
empezar por decir aquello de lo que se nos critica. Hacer un mea culpa, muy
personal, como abogado.
Somos
los que vemos riesgos en todos los movimientos. Creo fervientemente, y estoy
seguro de que me lo dijo algún día un maestro, ya sea de vida o en el aula, así
que no me adjudico el siguiente pensamiento: el buen abogado es aquel que está
pendiente de los efectos de cada acto, más que del acto mismo.
Hay
algunos colegas que se empeñan en revisar la forma de ciertos actos y descuidan
el fondo. Lo propio es cuidar ambos.
¿Vieron?
Hasta en el mea culpa saqué una virtud.
Los
abogados somos acusados, y tienen toda la razón, de choreros. De tener un
lenguaje, a veces, tan barroco que cuesta entender cosas que en realidad son
muy sencillas.
Creo
que una virtud del buen abogado debe ser saber comunicar. Muchos aspiran a
hablar lo más rebuscado posible; parecería que, al hacerlo, demostrarían un
mayor nivel jurídico.
Creo
que, como pocas carreras, el estudio del Derecho imprime carácter y una
estructura mental muy específica.
El
constante razonamiento por medio de silogismos para poder aplicar algún
precepto legal a la realidad supone justamente eso: una forma de pensar, la
cual los abogados llevamos a otros ámbitos que no son precisamente jurídicos.
¿A
cuáles?
Por
ejemplo, a la hora de dirigir entidades públicas o privadas. La estructura
mental del abogado siempre nos lleva a preguntarnos por qué se hacen las cosas
como se hacen.
Si
bien la costumbre, como fuente del Derecho, puede ser una razón, por formación
siempre le daremos mayor peso a las leyes y a los reglamentos. Si no existen,
nos damos a la tarea de hacerlos.
Una
política pública que no está respaldada jurídicamente no trasciende; está
incompleta, no es medible, no es replicable. Por lo tanto, no es una política
pública.
En
la empresa pasa lo mismo. El abogado busca crear instituciones. Que las buenas
prácticas queden plasmadas en actas de asamblea, en contratos y en los
estatutos de las personas morales.
El
gran reto del abogado es que el pragmatismo de observar solamente los efectos
del acto jurídico no termine por desplazar esa búsqueda de justicia que debe
estar presente en cada impulso que un abogado da en cualquier ámbito de la
vida.
Apunte al aire
¿Cuántos
candidatos a presidente municipal son abogados?
Es
parte del perfil de un gobernante. Aunque una persona no tenga experiencia en
un cargo público, el ser abogado le da, si bien una ventaja, también una
responsabilidad.
No
puede decir que no sabe los efectos de tal o cual acción.
Dicen
que el perfil no importa. Solamente veamos cuántos presidentes de la República
han sido abogados.
Chéquenlo.No
son pocos.Por algo será.
Felicidades
a todos mis colegas que este 12 de julio festejamos nuestro día.

