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Cobrador de Elektra baleado en Yehualtepec: la violencia que revela un sistema de cobranza abusivo

  Cobrador de Elektra baleado en Yehualtepec: la violencia que revela un sistema de cobranza abusivo


Un cobrador de la tienda Elektra fue interceptado por delincuentes mientras realizaba sus labores de cobranza en la junta auxiliar de Rancho Chico, perteneciente al municipio de San Simón Yehualtepec.
Los asaltantes lo amagaron para despojarlo de sus pertenencias y le dispararon en la cabeza, dejándolo en estado crítico y luchando por su vida en un hospital de la zona. El hecho ocurrió el 27 de abril de 2026 y ha puesto en evidencia los riesgos que enfrentan diariamente los empleados de esta empresa durante sus recorridos de cobro en comunidades de Puebla.
Esta agresión no surge de la nada. Durante años, Elektra y su brazo financiero Banco Azteca han sido señalados por miles de deudores en todo México por prácticas de cobranza que rayan en el acoso sistemático.
Cobradores que llegan a domicilios a cualquier hora, llamadas insistentes hasta 1 338 en un solo día, amenazas a familiares, insultos, intimidaciones y hasta la difusión de datos personales para humillar públicamente al deudor son métodos habituales documentados en miles de quejas ante la Condusef.
Más de 20 mil denuncias solo en 2024 dan cuenta de un patrón: contactos excesivos, maltrato verbal, amenazas de embargo y violencia psicológica que convierten la recuperación de una deuda en una verdadera persecución.
La ironía resulta evidente. La misma empresa que somete a sus clientes a un acoso constante ahora ve cómo uno de sus trabajadores cae víctima de la violencia en las calles. Estos cobradores, muchas veces mal pagados y presionados por metas imposibles, se convierten en el rostro visible de un modelo de negocio que genera resentimiento social profundo.
Mientras los directivos de Grupo Salinas obtienen ganancias millonarias, tanto deudores como empleados terminan pagando las consecuencias de una estrategia comercial que prioriza la intimidación sobre cualquier negociación respetuosa.
Las autoridades locales investigan el asalto, pero el caso deja al descubierto una realidad incómoda: mientras no cambien las prácticas agresivas de cobranza, incidentes como este seguirán repitiéndose. La población ya no tolera el hostigamiento diario, y la calle cobra sus propias cuentas.