Repensar el Municipio
Atender al municipio desde
su diversidad es la clave para el progreso del país.
Soy municipalista. ¿Cómo no
serlo si he trabajado 10 años en el área jurídica de dos Ayuntamientos? He
vivido en primera fila muchas de las situaciones que tiene que resolver un
municipio y estoy convencido de que ahí está la clave del desarrollo del país.
El municipio es la base de la división territorial y de la organización
política en nuestro país, de acuerdo con el artículo 115 constitucional. En
México hay 2,478 municipios. Cada uno tiene su Ayuntamiento, con los regidores
y síndicos que indique la ley en cada estado.
Reformas vienen y reformas
van. Hace algunos años se planteó la reelección municipal; decían que tenía
beneficios. ¿Cuáles eran? Mayor continuidad a los planes y programas de
gobierno, aprovechar la experiencia de los funcionarios municipales y que eso se
tradujera en un mejor trabajo. ¿Funcionó? Parece que no. La “eficiencia” que
debieron demostrar, en algunos casos, no logró pesar lo suficiente para ir en
contra del principio histórico de no reelección.
Pero más allá de la
reelección o no del presidente municipal y su Ayuntamiento, ¿alguien ha pensado
de verdad en los municipios?
Me resulta poco creíble que
la misma organización jurídica aplique para municipios como Tijuana, con más de
1.9 millones de habitantes, y para Santa Magdalena Jicotlán, Oaxaca, que tiene
81. O que lo mismo aplique a Puebla capital, con 1.6 millones de habitantes y
una geografía mayormente plana, que a San Miguel Ixtlán, en la Sierra Norte de
Puebla, donde llegar de un punto a otro de su extensión territorial es
complicado. Y para muestra de la tremenda diferencia entre un municipio y otro
está la densidad poblacional: mientras en Puebla capital viven 7,466 personas
por cada kilómetro cuadrado, en San Miguel Ixtlán viven 8 por cada kilómetro
cuadrado.
Si le preguntas a cualquier
alcalde del país: ¿cuál es tu mayor obstáculo para hacer un mejor gobierno?,
estoy seguro de que responderá que el recurso no es suficiente para dar
seguridad, infraestructura urbana, agua potable y demás servicios básicos. Y,
en parte, tienen razón.
De cada peso que recauda la
Federación, en el mejor de los escenarios, a los municipios les llegan 10
centavos. Los municipios reciben esas aportaciones principalmente de dos
formas: Ramo 28 (participaciones) y Ramo 33 (FAISMUN y FORTAMUN). En ambos casos
el recurso está sujeto a comprobación; pero en el caso del Ramo 33 existen
reglas de operación que, si no se cumplen, impiden su ejercicio.
Entonces, ¿es injusto que
pase esto? ¿La Federación reparte mal el dinero?
Lo cierto es que con esos
centavos que entrega la Federación no es suficiente. Algunos municipios lo han
solucionado. ¿Cómo? Aprovechando la Ley de Coordinación Fiscal: ahí se
establece qué puede cobrar un municipio en su Ley de Ingresos, y la clave está
en cobrarlo eficientemente. La autonomía del municipio no se da por decreto; el
asunto es fiscal. Sin autonomía fiscal no hay municipio libre, y sin municipio
fuerte no hay República que funcione.
Doy un ejemplo contrastante
que, por accesibilidad y ubicación geográfica, no debería ser tan dispar:
Ecatepec, con una población de 1.6 millones de personas, frente a San Pedro
Garza García, con 132 mil habitantes. Mientras Ecatepec tiene un presupuesto de
$6,950,000,000 de pesos, San Pedro Garza García tiene uno de $5,180,000,000. La
clave está en generar ingresos propios: el presupuesto de San Pedro proviene en
un 70% de ingresos propios, mientras que el de Ecatepec apenas alcanza el 23%.
Más allá de proyectos
unipersonales, los municipios necesitan rumbo. Deben tener planes a largo plazo
y cumplirlos. Van algunas propuestas que se deberían tomar en cuenta:
Darle
valor a los Programas de Desarrollo Urbano. Renovarlos cada tres años no significa
otra cosa que el fracaso de los planes anteriores. Nuestras ciudades siguen
creciendo sin orden. Muchas propuestas no cuentan con una visión integral; con
frecuencia pesan más los intereses económicos, sobre todo los inmobiliarios.
Profesionalización
de los funcionarios. Si
bien nos va, el secretario de Desarrollo Urbano o el secretario del
Ayuntamiento dura tres años en el cargo. No me dejarán mentir quienes han
ocupado estos puestos a nivel municipal: se requiere conocimiento
teórico-práctico que es difícil sustituir con simples capacitaciones.
Implementar
Institutos de Planeación. Quizá no por municipio, pero sí por región. Con un banco de
proyectos para cada municipio, armonizado, para que los municipios conurbados
caminen en la misma dirección.
Plan
Municipal de Desarrollo. Es
absurdo hacer un plan por solo tres años. Quizá deban aterrizarse tareas
derivadas de un plan más amplio. Una planeación a tan corto plazo es estéril.
Eso sin contar que muchas veces se contrata a despachos fantoches que hacen
“copy paste” y entregan planeas genéricos por todos los municipios.
Todo esto, bien
desarrollado, se puede hacer desde las legislaturas, tanto federales como
locales. No solo es pensar quién va a gobernar, sino qué herramientas tendrá
para hacerlo correctamente.
La reelección tiene sus
ventajas, pero sin un andamiaje jurídico sólido la eficiencia al gobernar no
está garantizada. Regresar al principio histórico de no reelección implica
repensar el municipio; si no es reelección, quizá deba replantearse la duración
del mandato.
Apunte
al aire
En 2018, en Texmelucan, de
cada 10 pesos que gastaba el Ayuntamiento, 8.5 venían de la Federación; en este
2026 son ocho. Pongámoslo en perspectiva: Huejotzingo, que comparte el mismo
polo industrial, está como San Martín en 2018; es decir, tiene ocho años de
retraso en términos de autonomía financiera.
El camino, como ya lo dije,
está en la profesionalización, la planeación y el respeto a los planes. Claro
que los municipios tienen características propias, pero este ejemplo de
eficiencia tributaria tan dispar demuestra cómo dos municipios que comparten
problemáticas y polo de desarrollo pudieron haber planeado en conjunto y
aprovechar mejor el potencial que les da su ubicación geográfica.
La autonomía municipal no
se mide en discursos ni en reformas; se mide en la proporción de ingresos
propios. Mientras más ingresos propios tiene un municipio, más margen real de
decisión posee. Repensar el municipio implica discutir su capacidad recaudatoria,
fortalecer su planeación y construir una visión de largo plazo.

