Es de bien nacido ser agradecido
Además de ser de bien nacidos, ser agradecidos sería de gran ayuda
para el bien común.
Intentaré alejarme de los lugares comunes y de los falsos
sentimentalismos. Ser agradecidos, además de demostrar educación —de esa que
solo se aprende en casa—, cambia radicalmente la forma de ver las cosas. Si
llevamos nuestra vida a la luz del agradecimiento, seguramente nuestra actitud
cambiará. Lo contrario es el pesimismo y el victimismo, que casi siempre
terminan en lo mismo: echarle la culpa a los otros de nuestras “desgracias”.
El agradecimiento trae consigo, de manera natural, una actitud
positiva y constructiva, y con ello mayores posibilidades de llevar a buen
puerto los proyectos. Está íntimamente ligado con la esperanza, aquella de la
que ya hemos escrito: una esperanza sostenida en razones. Y uno de sus pilares,
sin duda, es aprender a vivir agradecidos.
Es así como, al agradecer, tomamos conciencia de las cosas buenas
que nos pasan. Vivir dando gracias trae buenos frutos. Si quieren explorar más
sobre este tema, les recomiendo leer o ver algún video de la doctora Marian
Rojas Estapé. En casa intentamos seguir algunos de sus consejos.
Pero llevemos esto a la política, que es lo que nos gusta. ¿Cómo
ayuda la postura del agradecimiento a una comunidad? Quizá debamos verlo desde
diferentes perspectivas.
Como ciudadanos, el agradecimiento nos permite valorar lo que se
hace bien y, desde ahí, fundar mejor la crítica hacia las acciones de la
autoridad. Una democracia deliberativa que parte de esta postura vuelve mucho
más valiosas las observaciones que se hacen sobre la gestión pública. Cuando la
crítica no toma en cuenta lo bueno, se corre el riesgo de caer en una actitud
meramente destructiva.
La oposición en México, en Puebla y en Texmelucan ha caído muchas
veces en ese absurdo: criticar por criticar, observar exclusivamente lo malo.
Hay acciones positivas que podrían potenciarse, analizarse y convertirse en
propuestas. Pero eso exige algo que hoy escasea: seriedad. Muchos actores que
ya están echando sus fichas rumbo a 2027 carecen de ella.
Hay quienes nunca han tenido una responsabilidad en la
administración pública y, desde una profunda ignorancia de causa, critican sin
entender procesos básicos, como los mecanismos de adjudicación de un contrato.
Están también quienes ya tuvieron responsabilidades y, aun así, ven la paja en
el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y no faltan los que tiran la piedra y
esconden la mano, los lobos vestidos de cordero. A ellos, la ciudadanía —y
también la clase política— debería mantenerlos a distancia, sin importar el
cargo que hoy ocupen.
Desde la autoridad también se debe ser agradecido. Es una forma de
evitar la soberbia de quien cree que todo lo puede. Es un cable a tierra.
Implica tomar en cuenta a los otros, escuchar, reconocer que las decisiones son
falibles y, sobre todo, entender lo efímero que son los cargos públicos. No se
trata de una falsa humildad, sino de un ejercicio de honestidad: saber que no
somos autosuficientes y agradecer la enorme oportunidad que representa servir
desde un puesto de responsabilidad.
Hasta entonces.
Apunte al aire
Ser agradecido implica saber observar lo bueno. Y, en mi opinión,
ese debería ser el ideal de cualquier gestión pública. Creo que una buena
administración municipal puede resumirse en tres puntos:
El primero: usar eficientemente los recursos, priorizando las
necesidades, con la finalidad de que, con lo que hay, se beneficie a más
personas. Eficiencia significa hacerlo conforme a la ley, con procedimientos
claros y sin encarecer las obras o los servicios.
El segundo: contacto permanente con la gente. Escuchar y resolver.
Muchas veces no se requieren grandes recursos presupuestales para hacerlo; a
veces basta con creatividad y, sobre todo, con voluntad para solucionar los
problemas cotidianos de la ciudadanía.
El tercero: mayor recaudación. Ser más eficientes en lograr que
los ciudadanos paguen los impuestos y derechos establecidos en la ley, lo que
naturalmente implica combatir la corrupción. Pero no debe quedarse ahí. El
ayuntamiento es el primer gestor del municipio y, mientras más recursos se
consigan de instancias públicas o privadas, estaremos hablando de un mejor
gobierno.
Estos tres puntos forman un círculo virtuoso: si se usan bien los
recursos, se atiende a la ciudadanía y se es eficiente en la obtención de más
fondos, se puede tener mayor presupuesto. El pueblo confía porque se le
resuelve, y cuando hay confianza, hay disposición para cumplir con las
contribuciones. Si además existe una gestión exitosa para atraer inversión, los
resultados crecen exponencialmente.

