¿Qué
nos pasó en Puebla?
La violencia sacude, pero
la reacción política y social preocupa aun más
Desde un alcalde que dice
que todos los que pensamos que lo que tenía en la mano eran billetes tenemos el
corazón vacío por tener esas ideas. Pasando por algunos medios de comunicación
que se adelantaron a dar conclusiones en tiempo récord sobre los tan
lamentables hechos del fin de semana pasado; ni Obama hubiera investigado tan
rápido. Luego la Fiscalía los desmintió. Esperaremos a ver cómo concluyen las
investigaciones.
Luego los tamales que
supuestamente tenían fentanilo, pero después nos dicen que siempre no tenían
esa sustancia. Aun así, hicieron convulsionar a niños y pusieron el grito en el
cielo a un embajador de Estados Unidos en México.
Todos estos ejemplos que
mencioné no son hechos aislados, son parte de algo más profundo.
En Puebla tenemos
legisladores que priorizan legislar sobre los therians. ¿Y dónde estaban cuando
tenían que “proteger” a los otakus, los emos, los punketos o los darketos? ¿O
en serio van a legislar para proteger las libertades de personas que se creen animales?
¿No hay más cosas pendientes por legislar?
Algo pasa en Puebla. Y no,
tampoco queramos echarle toda la culpa a los gobiernos municipales o al estatal
que llevan apenas un año en el cargo. Aunque, claro, tienen una gran
responsabilidad, de la cual no pueden desvincularse.
Escuchaba el domingo: ¿qué
tenían en su corazón los que mataron a los tres jóvenes e hirieron a más
personas afuera de un centro nocturno la semana pasada? ¿Qué tenían en su
corazón los que mataron a la pareja poblana? ¿Qué tenían en el corazón quienes
asesinaron a un joven que trabajaba afuera de una parroquia? Quizá ellos sí,
como dice el presidente de Chignahuapan, tienen el corazón vacío.
Definitivamente algo nos pasa como sociedad.
¿Qué nos pasa en México que
hubo una reacción más violenta ante el abatimiento de un líder de la
delincuencia organizada que la que hubo en Venezuela cuando extrajeron a su
presidente? Dice mucho de la situación que se vive en nuestro país y también en
Venezuela.
Todo este ambiente genera
confusión en la clase política. A veces no se entiende que discrepar no es
estar en contra. La oposición no ha entendido que no se trata de estar en
contra a ultranza. Se puede estar de acuerdo en algunos aspectos y ser críticos
en otros; hay matices. Parece que si aplaudes eres un salamero del régimen y si
criticas eres un gran opositor. No todo es blanco o negro…
¿Por qué han impactado
tanto los desafortunados hechos de los últimos días? Creo que se rompe con una
narrativa que nos han vendido —y que hemos mal comprado—: “solo matan a la
gente que se dedica a cosas malas”. Los casos que mencionamos contradicen esa
premisa. Hasta donde sabemos, tenían una forma honesta de vivir. No eran
personas malas.
No es pigmentocracia, como
muchos se esfuerzan en afirmar. Es el dolor de los daños colaterales. Insisto
en lo que plasmé semanas antes: se necesita que todos tengamos altura de miras,
a esto me refiero a no quedarnos en la crítica digital, hay que concretar una
participación más activa en la realidad. Porque la política es cosa de todos,
no solo de los servidores públicos. Los empresarios, las iglesias, los
maestros: debemos hacer lo que nos toca, no solo lamentarnos y reclamar. Veo
apatía, inacción de la sociedad. Mucho ruido en redes y pocas nueces en la
realidad.
Apunte
al aire
La semana pasada también
hablamos de altura de miras. Me da gusto ver en San Martín que los actores
políticos como Filemón Ramírez o Mariano Escobedo, así como al líder
empresarial Sabas López Rico, y a líderes religiosos como Fray Juan Medina,
demostrar su voluntad para estar del lado correcto de la historia. Como dije, a
veces le podremos ir al América, pero nunca le iremos a los malos.
El apoyo no significa que
sean partidarios del presidente Juan Manuel Alonso y este tenga su respaldo
incondicional. Significa que tienen la suficiente madurez política para saber
distinguir. Por otro lado tenemos expresiones como la del PAN de San Martín,
que piden suspender a funcionarios del cargo, parecen estar más a favor del
caos que del orden, o ser simplemente oportunistas queriendo quedar bien al
tomar una postura crítica, aunque irracional. De nuevo: triste oposición.

