Crisis
del mundo, una crisis de vocaciones
No es lo mismo tener
capacidad para hacer o ser algo, que en verdad querer serlo o hacerlo.
¿Las personas estamos
destinadas a ser algo en específico? ¿Hay un determinismo en nuestras vidas o
estamos atados a ese libre albedrío del que somos prisioneros? ¿La vocación
está dada desde el nacer? ¿La heredamos?
En La República de Platón
se exponía que había tres tipos de alma; cada una debía dedicarse a aquello
para lo que estaba destinada: unos a producir, otros a defender y otros a tomar
decisiones sobre el destino final de las cosas, el filósofo rey si se trataba
de una sola persona.
Por la misma época,
Hipócrates desarrolló la teoría de los temperamentos. Definió que son cuatro
(sanguíneo, colérico, melancólico y flemático). A lo largo de la historia se ha
estudiado aún más sobre esta condición genética, biológica y psicológica de la
persona humana. Muchos llegan a pensar que, dependiendo de tu temperamento,
estás destinado a tal o cual actividad humana. Parece que eso del determinismo
estaba muy de moda por aquellas épocas…
Sin querer jugarle a
encontrar el hilo negro, en el caso de Platón muchos autores han encontrado
errores en aquello del determinismo. Lo mismo con los avances que han existido
en torno a los temperamentos. Siempre me ha quedado claro que, así uno nazca con
condiciones físicas y/o mentales para desarrollar alguna actividad en
específico, existe un elemento infravalorado en la actualidad que se llama
vocación.
La vocación, como mucho de
nuestro vocabulario, tiene raíces latinas y se refiere a un llamado. Los que
creemos pensamos que ese llamado lo hace Dios. Sin embargo, requiere de muchas
voluntades para que se responda de forma afirmativa y se empeñe la vida en
seguir esa voz. Por algo es llamado y no monólogo, que se convierte en un
dialogo que siempre respeta el libre albedrío.
Me atreveré a construir una
definición de vocación. Es ese conjunto de condiciones exteriores, que son
variables —como lo pueden ser las sociales, económicas, familiares, etc.—, así
como las interiores, en las que podemos considerar el temperamento, pero
también el desarrollo del carácter, que forja ese temperamento y con ello
construye la personalidad de cada persona. A todo esto le sumamos las
consecuencias de las decisiones tomadas a lo largo de la vida.
Si para explicar la
vocación lo resumimos a una fórmula salida de un libro de química, quedaría
algo así:
Vocación = (Factores
sociales + Forma en que se desarrolla la personalidad) x CARIDAD
¿Por qué se multiplica todo
lo sumado por la caridad? Porque sin caridad no se puede hablar de vocación. Es
la virtud —porque lo es— que les faltó observar a Hipócrates o a Platón. Es una
variable que hace toda la diferencia. Aunque quizá no tengas las aptitudes
físicas, intelectuales o sociales, si haces cualquier labor con amor, sin duda
hará toda la diferencia. La haces con gusto y das más allá de lo justo: lo das
todo.
Ejemplos de personas con
todas las condiciones para triunfar, pero sin vocación, los hay por todos
lados… volteen a su alrededor y verán.
Apunte
al aire
Siempre lo diré: cuidado
con los políticos que dicen que no son políticos. Si es así, que vayan a hacer
con amor lo que sí les llena. En estos tiempos de adelantados, tenemos como
electores que estar atentos y evitar que lleguen a cargos públicos personas que
tienen otros llamados.
Los que tienen llamado al
poder o al dinero, sin importarles la verdadera gestión de gobierno.
Vaya, el poder y la
obtención de un salario justo son inherentes a un cargo público de elección
popular. Pero la gran diferencia es que, para quienes tienen vocación, eso es
un accidente. Lo esencial, lo que realmente puede llenar, es el ejercicio de
poder solucionar aquellos problemas ordinarios.
Es mucho más fácil que una
persona con vocación a la política ponga todas sus capacidades —pocas o muchas—
en servir desde la posición en la que está. Quizá quien pregona no ser político
puede tener mayores habilidades, pero al no tener esa vocación, el efecto
multiplicador —la caridad— no está en la ecuación; por lo tanto, el resultado
será de menor impacto. Si no es que sería inexistente, porque recordemos que
todo factor multiplicado por cero es igual a cero…

