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Empresarios en la mira

Empresarios en la mira

La violencia que devora el corazón productivo de Jalisco

Rodolfo Herrera Charolet

A pocos días de concluir el año 2025, Jalisco fue el epicentro de la crueldad desatada en un México donde la prosperidad económica camina de la mano con la muerte. Dos empresarios, separados por cientos de kilómetros, uno del otro, de mundos aparentemente distintos —uno en la metrópoli opulenta, otro en la sierra remota—, cayeron bajo la misma lógica implacable de las balas de la delincuencia organizada.

El 29 de diciembre, en el cruce de avenida Topacio y calle Brillante, en los límites entre Guadalajara y Zapopan, un comando de más de treinta sicarios, distribuidos en siete vehículos y armados con armas de alto calibre, transformó una mañana cualquiera en el infierno de las balas. Alberto Prieto Valencia, conocido como "El Prieto" o "Don Beto", comerciante prominente del Mercado de Abastos, dedicado a la venta de semillas, cereales, abarrotes y transporte de carga, viajaba en una Lamborghini Urus naranja acompañado de su hija de dieciséis años y escoltado por siete guardias privados. El ataque, planeado con precisión militar —vecinos reportaron drones y movimientos sospechosos días antes—, duró minutos intensos, dejando tres muertos: el empresario, su hija adolescente y un escolta, además de cuatro guardias heridos.

Dos días antes, el 27 de diciembre, en el aislado Crucero Volcanes de Atenguillo, José Adrián Corona Radillo, presidente de Grupo Corona y figura central en la industria tequilera, fue arrancado de su vehículo familiar por hombres armados que actuaron con frialdad quirúrgica: despojaron pertenencias, pero se llevaron solo al empresario, dejando a su pareja e hijos ilesos pero devastados. Su cuerpo, marcado por golpes y un disparo, apareció el 29 de diciembre a orillas de la misma carretera.

Estos crímenes, tan cercanos en el tiempo y tan distantes en el espacio, revelan un patrón inexorable: empresarios como objetivos directos de la delincuencia, en un estado cuya bonanza agroindustrial y comercial se construye sobre un terreno minado por extorsiones, disputas territoriales y mensajes de poder.

El caso de Prieto Valencia apunta a represalias por rechazo al cobro de piso o vínculos con esquemas ilícitos como las "rifas colombianas" en el Mercado de Abastos; el de Corona Radillo, sin rescate exigido, sugiere un golpe selectivo en la cadena del agave. Ambos exponen la fragilidad de quienes generan riqueza y empleo, y cuestionan con crudeza la impotencia institucional ante redes que convierten el éxito en sentencia, en un Jalisco que exporta millones en tequila y granos, pero importa sangre como tributo inevitable a las sombras que lo gobiernan.

La emboscada en la sierra: El secuestro de José Adrián Corona Radillo

Bajo el cielo ocre del atardecer serrano del 27 de diciembre de 2025, José Adrián Corona Radillo se dirigía con su familia hacia Talpa de Allende o Puerto Vallarta, rutas que en temporada vacacional prometen reposo, pero esconden riesgos mortales en carreteras secundarias. En el Crucero Volcanes, municipio de Atenguillo —tierra de montañas mudas y vigilancia ausente—, un grupo armado irrumpió con la exactitud de quien conoce el terreno y el objetivo. Detuvieron el vehículo, obligaron a entregar celulares, relojes y pertenencias que simbolizaban una vida próspera dedicada al agave. En un acto calculado, se llevaron solo al empresario, dejando a su pareja e hijos en shock, sin heridas físicas, pero con el terror grabado.

 Esta operación selectiva no es ajena a Jalisco, donde la industria tequilera genera exportaciones millonarias, pero atrae carteles que disputan tierras fértiles, agua y rutas. Atenguillo, con su economía rural y aislamiento, ejemplifica cómo las vías se convierten en trampas, donde la impunidad permite emboscadas en plena luz.

Los incidentes navideños resaltan la vulnerabilidad de empresarios en un ecosistema donde el éxito comercial equivale a exposición, obligando a interrogar las dinámicas de poder en la Sierra Occidental, donde la tradición artesanal del mezcal choca frontalmente con la brutalidad moderna de la delincuencia organizada.

El hallazgo y la brutalidad del homicidio

El 29 de diciembre de 2025, a escasos metros del secuestro, el cuerpo de José Adrián Corona Radillo fue abandonado al borde de la carretera en Atenguillo, entre vegetación que guarda secretos de la sierra. El cadáver mostraba violencia meticulosa: golpes distribuidos, indicios de tortura prolongada, y al menos un impacto de bala que cerró su vida.

La proximidad al sitio inicial sugiere ejecución local, minimizando riesgos para los captores, patrón recurrente en homicidios jaliscienses donde la impunidad facilita operaciones discretas. La necropsia confirmó homicidio doloso, con huellas de sufrimiento que apuntan a interrogatorio o castigo disuasorio para el sector agroindustrial.

Identificado por protocolos forenses, el cuerpo fue entregado a familiares el 1 de enero de 2026, cerrando incertidumbre, pero abriendo abismos sobre seguridad en zonas agaveras. Jalisco, cuna del tequila con denominación de origen, registra aumento en ataques a empresarios del campo, donde la cadena del agave atrae intereses ilícitos por recursos y distribución. Esta combinación de secuestro y ejecución obliga a confrontar las raíces de la violencia mexicana: una industria que exporta miles de millones, pero cobra vidas como precio, cuestionando estrategias de seguridad en un estado rebasado por la delincuencia.

La investigación estancada en la impunidad

La fiscalía Regional de Jalisco abrió carpeta por privación ilegal de la libertad y homicidio calificado, recolectando casquillos, huellas vehiculares y testimonios en rutas solitarias. Sin avances públicos —ninguna detención—, la ausencia de rescate descarta móvil económico puro, orientando hacia rivalidades tequileras, disputas por tierras o un mensaje de advertencia.

El caso impacta economía regional, disuadiendo inversión en agroindustria, y plantea preguntas incisivas sobre reformas en justicia, en donde la burocracia choca con urgencia en una sociedad enlutada.

José Adrián Corona Radillo, originario de Tonaya, encarnaba el pilar de la industria tequilera jalisciense, fusionando herencia familiar con ambición global al presidir Grupo Corona. Su trayectoria en administración y comercio exterior posicionó la empresa en mercados internacionales, promoviendo procesos ancestrales como hornos de piedra y fermentación natural. Expandió el portafolio de tequilas y mezcales, impulsando sostenibilidad en agave azul amenazado por la sobreexplotación.

En foros empresariales abogaba por integración rural, generando empleo en marginadas comunidades y contribuyendo al PIB estatal con más de 70 mil puestos directos en el sector. Su enfoque generacional evitaba expansiones riesgosas, pero en Jalisco bifurcado entre prosperidad y peligro, su visibilidad lo exponía a amenazas latentes.

José Adrián Corona Radillo era socio principal en sociedades registradas mayoritariamente en Guadalajara, revelando diversificación más allá del tequila: RADICOR, S.A. DE C.V. (N-2018021825), logística exportadora; INDACOR INMOBILIARIA (N-2024093044), propiedades ligadas a plantaciones; RADICORA (N-2025042967), actividades complementarias; EMPORIO CORONA (25444), comercialización marca; COMPAÑIA PRAGA (4261), importaciones; DERIVADOS Y LACTEOS TENANGO (52644), alimenticio; HORTALIZAS Y AGAVES LA TUNA (52756), cultivo base; AGAVES SELECTOS CORONA (80606), premium. Excepción: RSUNION (N-2022075244) en Morelia. Estructura de responsabilidad limitada facilita gestión familiar, integrando vertical y horizontalmente en mercado volátil.

RSUNIÓN llamada anteriormente REDES SOCIALES NUEVA GENERACIÓN y fundada en el año 2022 por Adrián Corona y su hijo Adrián André Corona Alba, nombró como Comisario a Jaime Francisco Mora Ávalos socio de la empresa INTEGRAL GLOBAL GROUP, S.C. DE R. L.

El Grupo Corona, aunque sin vínculo directo establecido con el crimen. Ilustra cómo empresarios mexicanos erigen imperios para sobrevivir la hostilidad, cuestionando vulnerabilidades en una nación donde economía e inseguridad se entrelazan en confusión constante.

¿O no lo cree usted?