Uno es de donde come
Me gusta
la comida y la historia, quizá por eso me quedé en Puebla: para mi lo tiene
todo.
Jesús
Horacio Cano Vargas
En casa fuimos nómadas. Vivimos en Torreón,
Ciudad de México, Morelia, Tlaxcala y Puebla. Ante esto, mi padre siempre nos
dijo: uno es de donde come.
El Banquete de Zagal es un programa que hace
años se transmite en MVS los días sábados. Lo he escuchado muchas veces, en el
podcast que la radiodifusora pone a disposición y, en otras ocasiones, en
pequeños fragmentos que se replican en redes sociales. Es un programa donde se
mezclan historia y comida. Quienes me conocen podrán verificar que son dos
cosas que más disfruto.
Mis recuerdos siempre tienen que ver con
comida. Mis tradiciones familiares tienen que ver con comida. Les cuento una:
todos los martes, en casa, es martes de pan dulce. No cualquiera, pan de La
Reina de Puebla. Vayan por una concha cuando puedan, son deliciosas. Es más, la
verdadera raíz de mi afición a correr es el poder darme mis gustos con la
comida y no sufrir tanto con el peso.
Pero así como me encanta comer, no soy mucho de
conocer a los chefs, aunque lo haya invitado Zagal a su programa. Lo que sí
recuerdo muy bien es que algún reconocido chef, aun siendo de Tijuana, afirmó
que el poblano ha probado más sabores que cualquier otra persona. Dijo que el
paladar del poblano es tan exigente que las grandes cadenas hacen sus estudios
de mercado en Puebla: si pasa la prueba del exigente paladar, es más fácil que
tenga éxito en otro lugar.
Y es que, desde ir a Casa Reyna, mi restaurante
favorito de Puebla, por un chile en nogada, o comerlo en una casa poblana de
acuerdo con la receta que han pasado varias generaciones, es una cosa
memorable, espectacular, vaya. Por cierto, es capeado; si no, no es chile en
nogada. Un platillo que sabe a historia, a tradición, a Don Goyo, a México, a
Independencia, por cierto, materia de algún programa de El Banquete de Zagal.
Un platillo barroco en toda la extensión de la palabra, muy agustiniano. En
fin, una mezcla de sabores que a mi amigo guerrerense Gerardo le puede no
gustar (más por contreras que otra cosa), pero su prometida, Charo, disfruta
como buena poblana.
Pero también puedo recordar el sabor de los
Tacos del Pasaje, esos que están a un lado del Charlie Hall, con una Coca bien
fría a mitad del día; daban las calorías suficientes para continuar con éxito
el día. Eso o comer una torta de guisado del Jirofle o unos molotes de la 5
Poniente. ¿Y qué me dicen de cenar una cemita en el estadio de beisbol viendo a
los Pericos, o de algún puesto del Mercado Domingo Arenas en San Martín? Ya que
hablamos de San Martín, puedo recordar y saborear un esquite del Carmen o una
enorme torta Tony, de esas que están a un lado de la parroquia, mis favoritas,
o unos tacos ahí de Melquiades para cenar.
Le pido a Dios que no se gentrifiquen todas
estas opciones gastronómicas. A veces agradezco que los Tacos Beirut estén en
más ubicaciones, pero extraño poder ir enfrente del hospital UPAEP y echarme un
taco árabe sin tanto glamour, sin sentirme en un restaurante de cadena…
No soy poblano, mis ascendentes no lo son, mi
esposa tampoco. Pero lo soy por elección y adopción, por lo que me gusta su
sabor, pero, a pesar de lo que digan en otros lados, por su gente. En San
Martín y en Puebla han sido muy generosos en recibir a este nómada que no tiene
otra identidad que la de la tierra de donde come.
Apunte
al aire
Debo hablar de la asamblea de Morena en San
Martín. El evento que encabezó el presidente municipal Juan Manuel Alonso como
la figura más importante de la cuarta transformación en el municipio, que
aunque no está afiliado a este partido político, sabe de la importancia de la
unidad. Como lo hemos dicho aquí, la Cuarta Transformación ha podido ser porque
ha dado cabida a todas las ideas, a todas las corrientes.
Los “puristas” que quieran que en la Cuarta
Transformación solamente quepan ellos o los que piensen como ellos se deben ver
en el espejo del PAN. La clave de la victoria del 2018, sin duda, fue abrir las
puertas para que todos pudieran ser parte del proyecto transformador. Cerrarlas
puede ser una sentencia de muerte para el movimiento.
No me encantó ver esas viejas prácticas de ir
caminando, gritando arengas, con aspirantes a caudillos teniendo un
protagonismo totalmente artificial. Me recuerda a las épocas del partidazo.
Creo que la Cuarta Transformación precisamente superó ese tipo de operaciones.
Justo ellos fueron los que sí están terminando de enterrar al PRI.
Pero ¿quién soy yo para juzgar? Quizá eso gana elecciones…
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