En agosto de 2003, un grupo de diputados de cuatro partidos distintos cruzó las lĆneas de la disciplina parlamentaria para hacer algo poco habitual en la polĆtica poblana de esos aƱos: firmar juntos, con nombre y apellido, una denuncia formal contra el presidente municipal de Puebla. No era un desplegado simbólico ni una rueda de prensa de un solo dĆa. Era un escrito de mĆ”s de cien pĆ”ginas dirigido al Auditor General del Ćrgano de Fiscalización Superior del Estado, en el que acusaban a Luis Eduardo del Sagrado Corazón de JesĆŗs Paredes Moctezuma de haber entregado, el 22 de enero de ese mismo aƱo, un tĆtulo de concesión que —segĆŗn ellos— lesionaba el patrimonio municipal, simulaba un acto jurĆdico y cerraba la competencia en un servicio esencial: el alumbrado pĆŗblico.
Al frente de esa oposición aparece JosĆ© Rodolfo Herrera Charolet, diputado de Convergencia. Lo acompaƱan JesĆŗs Edgar Alonso CaƱete y Odón Abad Sidar Fierro, del PRD; Armando Pascual Herrera GuzmĆ”n, del Partido del Trabajo; y un bloque priista encabezado por Carlos Manuel Meza Viveros, Javier López Zavala, Alejandro Armenta Mier, Humberto VĆ”zquez Arroyo, Gregorio RaĆŗl Flores Rosas y Jorge Arnulfo Camacho Foglia. En la foja final tambiĆ©n quedan las rĆŗbricas de Armando Pascual Pereira Guerra y de otros legisladores de la QuincuagĆ©sima Quinta Legislatura. El domicilio procesal que seƱalaron no era el Palacio Legislativo: era una privada de la 29 Oriente, en la colonia El Mirador. QuerĆan que el escrito se leyera como lo que era: una acción de diputados que, desde distintos partidos, se presentaban como fiscales ciudadanos del erario.
El impacto mediĆ”tico de aquel documento no residĆa solo en el lenguaje jurĆdico. ResidĆa en la coalición. En 2003, Puebla vivĆa la administración panista de Paredes, un alcalde que habĆa llegado con el discurso del cambio y que, para la oposición, gobernaba con el mismo estilo que Vicente Fox en la federación: obras emblemĆ”ticas inconclusas, cifras contradictorias y contratos que la mayorĆa opositora del Congreso consideraba opacos. Que Convergencia, PRD, PT y PRI coincidieran en un mismo libelo contra el edil convertĆa la denuncia en noticia de contraste: no era “el PRI contra el PAN”, era un frente legislativo que decĆa estar defendiendo la hacienda municipal frente a un particular nacional —y, segĆŗn el propio texto, con posibles beneficios para empresas extranjeras ligadas al negocio de la iluminación.
Los hechos que relatan son precisos. El 22 de enero de 2003, el Ayuntamiento, representado por Paredes, otorgó un tĆtulo de concesión a Mexicana de Mantenimiento de Alumbrado, S.A. El plazo era de quince aƱos. El objeto, segĆŗn los diputados, no era una concesión clĆ”sica de servicio pĆŗblico de alumbrado, sino una figura hĆbrida que incluĆa uso, aprovechamiento, conservación, modernización y “gestión de trĆ”mites” sobre la infraestructura de luminarias y, de manera especialmente grave para ellos, sobre semĆ”foros. Eso Ćŗltimo era el corazón polĆtico del ataque. El trĆ”nsito, argumentaron, no es concesionable en los tĆ©rminos del artĆculo 104, fracción III, de la Constitución local. Al meter los semĆ”foros en el paquete, el presidente municipal —escribieron— estaba concediendo de manera simulada un contrato de prestación de servicios y, de paso, un pedazo del servicio de vialidad.
La cronologĆa del procedimiento les sirvió de munición. SegĆŗn el escrito, el 7 de enero de 2003 se desahogó una invitación a cuando menos tres personas; las propuestas “no cumplĆan con los requerimientos”. Diez dĆas despuĆ©s, el 17 de enero, se adjudicó de manera directa a la misma empresa “por ser la que presentó la mejor opción”. El 22 se firmó el tĆtulo. Para los denunciantes, esa secuencia no era eficiencia administrativa: era la prueba de que se habĆa declarado desierto un procedimiento para luego entregar el negocio sin competencia real. Invocaron el artĆculo 28 constitucional —prohibición de monopolios y prĆ”cticas monopólicas— y el 134 —compras pĆŗblicas con eficiencia, eficacia, economĆa, transparencia e imparcialidad—. Dijeron que una adjudicación por vĆas no legales “impedĆa a los interesados participar” y que Citelum, empresa que aparece en el anĆ”lisis del tĆtulo como responsable material de la ejecución, ni siquiera se adherĆa de forma expresa al acto ni habĆa sido aprobada por el Cabildo.
AhĆ estĆ” el segundo golpe polĆtico: el Cabildo. Los diputados sostuvieron que la decisión Ćŗltima sobre una concesión de esa magnitud no podĆa ser un acto unipersonal del presidente municipal. Citaron la Ley OrgĆ”nica Municipal y el Código Fiscal y Presupuestario de Puebla. La facultad de gobernar del Ayuntamiento, afirmaron, es indelegable. Sin acuerdo colegiado claro, el tĆtulo nacĆa viciado. No era un tecnicismo de abogados: era la acusación de que Paredes habĆa gobernado como si el Cabildo fuera un trĆ”mite.
El escrito no se detiene en la forma. Va al dinero. Los legisladores afirmaron que el municipio dejó de percibir la contraprestación que, como derecho, debe pagar un particular por el otorgamiento de una concesión. El tĆtulo, segĆŗn su lectura, omite la palabra “explotación” en clĆ”usulas clave, mezcla fundamentos pensados para bienes de dominio pĆŗblico con un servicio, y obliga al Ayuntamiento a otorgar una fianza a favor del concesionario: una garantĆa invertida. En un contrato o concesión bien diseƱado, el particular garantiza al gobierno. AquĆ, dijeron, el gobierno se amarraba a garantizar al particular. AƱadieron que no se previó la reversión de los bienes al tĆ©rmino de los quince aƱos y que, por el contrario, se dejó abierta la posibilidad de que el municipio tuviera que comprar de manera onerosa lo que debió regresar al patrimonio pĆŗblico. TambiĆ©n seƱalaron que se permitĆa ceder derechos y obligaciones “sin ninguna restricción”, lo que —en su tesis— abrĆa la puerta a concentraciones contrarias al artĆculo 28.
El tono es el de una oposición que quiere parecer tĆ©cnica y, al mismo tiempo, moral. Hablan de menoscabo al patrimonio, de afectación a los usuarios del alumbrado, de riesgo para la regularidad del servicio y de responsabilidades administrativas, polĆticas y, si procede, penales. En los petitorios piden al Auditor General que admita la denuncia, investigue, cuantifique daƱos, finque responsabilidades, promueva querellas y meta el caso en el programa anual de auditorĆas. No piden una disculpa. Piden cifras, sanciones y, si hay delito, Ministerio PĆŗblico.
El valor mediĆ”tico de esa oposición no es retrospectivo: estaba diseƱado para la plaza pĆŗblica de 2003. Herrera Charolet no firmaba solo como coordinador de una fracción pequeƱa. Firmaba como diputado que ya habĆa confrontado a Paredes en el Congreso por papelerĆa oficial, calidad de obra y cuentas pĆŗblicas. Meza Viveros y López Zavala aportaban el peso del PRI. El PRD y el PT daban la cubierta de izquierda. Juntos podĆan decir que no defendĆan a un partido: defendĆan que el alumbrado de Puebla no se convirtiera en un coto de quince aƱos entregado sin concurso limpio y sin contraprestación visible.
El documento, leĆdo hoy, tambiĆ©n muestra los lĆmites de esa oposición. Es un escrito de denuncia, no una sentencia. Las afirmaciones sobre simulación, daƱo patrimonial y beneficios a particulares nacionales y extranjeros son tesis de los firmantes, no hechos judicialmente declarados en esas pĆ”ginas. Pero precisamente por eso importa como pieza de combate polĆtico: revela cómo un grupo de legisladores decidió formalizar, con doctrina constitucional, citas de Serra Rojas y Pereznieto, y una cronologĆa de enero de 2003, la idea de que el “cambio” panista en el municipio se estaba traduciendo en un contrato largo, opaco y, a su juicio, lesivo.
En el MĆ©xico de entonces, pocas cosas generaban mĆ”s titulares que un alcalde de oposición acusado por diputados de varios partidos de malbaratar un servicio cotidiano. El alumbrado no es abstracto. Es la calle de noche, el semĆ”foro en la JuĆ”rez, la factura que el municipio paga o deja de cobrar. Herrera Charolet y los demĆ”s firmantes apostaron a que esa materialidad —lĆ”mparas, semĆ”foros, quince aƱos, una empresa, un tĆtulo firmado en 22 de enero— serĆa mĆ”s elocuente que cualquier discurso de tribuna. Presentaron la denuncia el 8 de agosto de 2003 y la cerraron con la fórmula ritual: “Protesto lo necesario”. Lo que protestaban, en realidad, era que el gobierno municipal hubiera convertido un servicio pĆŗblico en un privilegio privado sin pasar, segĆŗn ellos, por la competencia, por el Cabildo y por la caja de la ciudad.

