Más futbol, menos clases
El estéril debate que desató confesiones que ruborizarían al más
cínico…
Horacio Cano Vargas
¡La semana que pasamos! Entre el Mundial, el calor y la “ideota” de decir: “mejor vámonos de
vacaciones”… ¡qué bochorno!
De estas inusitadas contradicciones entre una presidenta y su
Secretario de Educación habrá que revisar en las hemerotecas si antes había
pasado algo similar. Bueno, si ya alguien se atrevió a decirle “déjame pensar
si acepto el puesto”, ahora hubo uno que la contradijo públicamente, después de
que ella echó para atrás una decisión tomada horas antes por su subordinado.
No entiendo nada. Espero que sea a propósito y que todo sea solo
un show. Sería uno muy triste, pero prefiero pensar eso a creer que existe tal
nivel de desorganización en el gobierno federal.
La tragicomedia continuó el lunes 11 de mayo, con declaraciones
del Secretario de Educación diciendo que entre el 15 de junio y el 15 de julio
los niños van a la escuela, pero no precisamente a aprender. Más o menos eso
dijo, palabras más, palabras menos.
¡Vaya confesión! Tuve que escucharlo de nuevo. Está de no creerse.
Y lo dijo sin ruborizarse.
No podía dejar de escribir sobre esto. Es prácticamente la
admisión de que el sistema educativo está mal. Lo peor es que el debate ni
siquiera está ahí. Es surreal.
Ya decía Dalí que no le gustaba México porque era más surrealista
que él.
Dura confesión: tenemos las horas recomendadas por la OCDE, pero
no son horas efectivas. Y no lo digo yo; lo dijo el propio Secretario de
Educación.
Usted, querido lector, podría asumir que quizá vamos tan bien en
educación que los niños pueden pasar un mes en el aula sin fines pedagógicos.
Pues no. Según los resultados de la prueba PISA 2022, en matemáticas somos el
lugar 35 de 37 países evaluados.
El desorden —porque es la manera más decente en que puedo
describir lo que pasó— terminó con el intento fallido del Secretario de
Educación de llevarle la contra a la presidenta. El calendario escolar seguirá
igual.
La tragicomedia de la educación y el falso debate de más o menos
días de clases parece haber terminado.
Van algunos números: en nuestro país hay 190 días de escuela. La
Ley General de Educación establece que deben ser entre 185 y 200. En eso
estamos igual que Finlandia. Apenas 20 días menos que Japón, primer lugar en
las pruebas PISA.
El problema no son solo los días. El problema es qué ocurre dentro
de las aulas. Estamos por debajo del promedio en lectura, matemáticas y
ciencias, muy lejos de Finlandia y todavía más de Japón. Quizá en días de clase
somos competitivos, pero de poco sirve si no sabemos hacer cálculos o
comprender correctamente un texto.
Y aun así, el propio Secretario de Educación nos dice que durante
un mes los niños van a la escuela a actividades que no son propiamente
pedagógicas.
Y no me vayan a salir los radicales con que la prueba PISA es
“neoliberal”. Yo preferiría que mis hijos se comparen con los mejores. No sé
usted, querido lector, pero yo sí.
El tema de la educación siempre ha estado presente en mi vida.
Estoy casado con una pedagoga; mi padre dedicó toda su vida a la educación. En
las sobremesas de mi familia siempre ha sido un tema recurrente.
Muchos de mis amigos también se dedican a esto. Uno de ellos,
recién doctorado en Educación por la Universidad de Navarra —siempre lo
presumo—, me decía que siquiera pensar en recortar tiempo de clases en un país
con tanto rezago educativo está, por decirlo de manera elegante, fuera de toda
lógica. Comprenderán que entre amigos lo dijo con palabras bastante más
fuertes.
Debo confesar que su explicación fue mucho más técnica; yo aquí
solo traduzco lo que entendí.
Otro gran amigo, muy inteligente y que hoy vive en el extranjero,
me decía que quizá debería replantearse la rectoría del Estado sobre la
educación. A mis amigos estatistas trasnochados: no se me espanten, se vale
pensar diferente. ¿Aplicará aquí esa frase de que hay cosas demasiado
importantes como para dejárselas a los políticos? No lo sé todavía. Quedamos en
seguir platicándolo.
Apunte al aire
¿Y si este bache en nuestro sistema educativo fuera la “causa causorum” de muchos de nuestros
males?
Si no entendemos lo que leemos, no podemos redactar un párrafo
decentemente y no sabemos sumar ni restar, ¿cómo esperamos gobiernos eficientes
o instituciones sólidas?
El nivel de muchos diputados y regidores es, simple y llanamente,
reflejo del sistema educativo en el que todos estudiamos.
Y ahora, además, con la Inteligencia Artificial al acecho.
Voy a un ejemplo.
La semana pasada critiqué a los regidores que votaron en contra de
que el presidente municipal de Texmelucan gestionara 50 millones de pesos como
adelanto de participaciones. Después vi la respuesta de uno de ellos a mi
colaboración: básicamente repitió lo dicho en Cabildo. Sin fundamento legal y
sin explicar realmente por qué votó en contra.
La regidora de Educación, por su parte, se quedó en sus 25
segundos de intervención en Cabildo y en un mensaje de WhatsApp enviado antes
de entrar a una mesa de análisis con Toño de la Vega en Cadena IN. Ahí confirmó
algo preocupante: que no entiende que no entiende.
Creo que están confundidos. Ojalá tuvieran verdadera vocación por la política. Podrán ser buenos académicos o empresarios, respectivamente, pero la cosa pública es otra cosa. Y lo hemos dicho varias veces en este espa

