La inteligencia artificial generativa ha avanzado de forma acelerada en los últimos años. Hasta hace poco, las imágenes producidas por IA presentaban errores notorios en anatomía humana, como proporciones incorrectas, dedos deformes o rostros asimétricos. Hoy, con solo cargar una fotografía y añadir instrucciones precisas, es posible generar réplicas casi perfectas de cualquier persona, incluyendo expresiones faciales, posturas y detalles de vestimenta. Esta capacidad técnica, que inicialmente se celebró por sus aplicaciones en arte, diseño y entretenimiento, ha derivado rápidamente en usos abusivos.Uno de los problemas más graves es la creación masiva de deepfakes pornográficos no consentidos. Cualquier imagen pública de una mujer —tomada de redes sociales, perfiles profesionales o incluso fotografías familiares— puede ser modificada para insertarla en escenas sexuales explícitas. El resultado se difunde en plataformas digitales sin posibilidad real de control inmediato. Las víctimas enfrentan consecuencias severas: humillación pública, acoso constante, daño a su reputación laboral y personal, ansiedad profunda y, en muchos casos, aislamiento social. El contenido, una vez viralizado, se replica en foros, sitios de intercambio y aplicaciones de mensajería, lo que hace prácticamente imposible su eliminación total.En México y en gran parte del mundo, las leyes actuales sobre pornografía no consentida o venganza pornográfica no siempre contemplan de manera clara los deepfakes generados por IA. Aunque existen disposiciones penales por violencia digital o delitos contra la intimidad sexual, la rapidez con la que se produce y comparte este material supera la capacidad de respuesta judicial y policial. Las plataformas tecnológicas enfrentan críticas por no implementar filtros efectivos ni mecanismos rápidos de eliminación, y los desarrolladores de modelos de IA son cuestionados por no incorporar salvaguardas técnicas suficientes desde el diseño.El fenómeno agrava desigualdades de género ya existentes. La mayoría de las víctimas son mujeres, y el abuso se utiliza frecuentemente como forma de control, venganza o intimidación. Se requiere una combinación de medidas: regulación específica que tipifique la creación y difusión intencional de este tipo de contenido, protocolos obligatorios de moderación en plataformas, herramientas de detección automatizada, campañas de educación digital y apoyo psicológico-legal para las personas afectadas. Sin acciones coordinadas, la tecnología que promete avances creativos continuará amplificando formas de violencia que dejan secuelas duraderas en la vida de miles de personas. (enero de 2026)
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