Cabeza logo

header ads

Familiares mintieron

La joven Lidya Valdivia Juárez, de 28 años, fue reportada como desaparecida el 18 de enero de 2026 en el municipio de Acajete, Puebla. Según los detalles iniciales, la madrugada de ese día, alrededor de la 1:30 horas, Lidya envió mensajes de voz y una fotografía a su familia y pareja, alertando que estaba siendo perseguida por un automóvil gris y motocicletas mientras viajaba en su vehículo por la carretera Acajete-Apango. En esos mensajes, pedía ayuda urgente y mencionaba sentir miedo por su seguridad. Su familia, preocupada por su estado de salud, ya que se creía que estaba en un avanzado estado de gestación de nueve meses, activó inmediatamente la alerta de búsqueda y se movilizó para exigir acción rápida a las autoridades.La desaparición generó una intensa búsqueda que involucró a las fiscalías de Puebla y del Estado de México, extendiéndose incluso a hospitales y revisiones de geolocalizaciones basadas en su último contacto conocido. Familiares y amigos, incluyendo su pareja Luis Andrés Torres Pérez, organizaron protestas frente a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla, demandando recursos adicionales y enfatizando la urgencia debido al supuesto embarazo, que podría complicar su situación. Estas manifestaciones destacaron la preocupación por su bienestar y el del bebé que se presumía esperaba, lo que amplificó el caso a nivel nacional y generó atención en medios y redes sociales.Tras cuatro días de esfuerzos coordinados, que incluyeron más de 50 actos de investigación como entrevistas a testigos, análisis de registros telefónicos, revisión de cámaras de videovigilancia y rastreo de señales de su teléfono, Lidya fue localizada con vida el 22 de enero de 2026, alrededor de las 16:00 horas, en el municipio de Tepetixtla (también referido como Tepetlixpa en algunos reportes), en el Estado de México. Al momento de su hallazgo, se confirmó que se encontraba en buen estado de salud, sin lesiones aparentes ni signos de violencia. Sin embargo, un detalle clave surgió: no presentaba indicios de un embarazo reciente ni de haber dado a luz, lo que contradecía las afirmaciones iniciales de su familia y pareja. Esta discrepancia ha generado interrogantes sobre si se trató de un malentendido, una exageración o información inexacta proporcionada al momento de la denuncia.Aunque Lidya ha sido reunida con su familia y la alerta de búsqueda se desactivó oficialmente, la investigación continúa para esclarecer las circunstancias exactas de su desaparición. No se han revelado públicamente los motivos por los que se encontraba en el Estado de México, ni detalles sobre si fue un acto voluntario, una huida por razones personales o si hubo elementos externos involucrados como una posible persecución. Este caso resalta los desafíos en el manejo de desapariciones en México, donde miles de personas son reportadas anualmente, y subraya la importancia de la coordinación interinstitucional para resolverlos de manera eficiente.En cuanto a posibles sanciones o repercusiones legales, si se determina que hubo elementos de falsedad en la denuncia inicial, como la información sobre el embarazo o las circunstancias de la persecución, podría configurarse un delito de denuncia falsa o falsedad en declaraciones ante autoridad, de acuerdo con el Código Penal Federal. Esto podría acarrear penas de prisión que van de 4 a 8 años, además de multas equivalentes a 100 a 300 días de salario mínimo, dependiendo de la gravedad y si se demostró un conocimiento de la falsedad o un desprecio temerario por la verdad. Adicionalmente, en casos donde se movilizan recursos públicos de manera innecesaria, como búsquedas extensas y operativos interestatales, podrían aplicarse sanciones administrativas por simulación de hechos punibles o abuso de servicios de emergencia, con multas adicionales o incluso responsabilidad civil por los costos incurridos. Sin embargo, estas repercusiones sólo procederán tras una investigación exhaustiva que pruebe intencionalidad, y hasta ahora no se han anunciado cargos formales en este sentido.Es un alivio que Lidya haya aparecido sana y salva, pero el caso deja lecciones sobre la veracidad en las denuncias para optimizar los esfuerzos de las autoridades.