De Robert Alexy a Max Weber
Abogado
que no filosofa no es abogado y gobernante que no lo hace no toma posesión del
puesto
Jesús
Horacio Cano Vargas
A pesar del título, no voy a filosofar sobre
qué es la filosofía. Me quedo con saber que es la ciencia que estudia el fin
último de las cosas. La verdad, pues. Etimológicamente, es el amor al
conocimiento. La verdad, de nuevo. Pero, más allá de ello, es preguntarse lo
que las cosas son.
Ya ven, dije que no lo iba a hacer, pero
terminé haciéndolo. Porque un abogado sin filosofía es como una flor sin su
aroma. Lo sé, también la frase no va así, pero para efectos de esto que estamos
escribiendo, así va.
Todo esto es porque ayer murió Robert Alexy.
Cuando dicen su nombre, solo puedo pensar en argumentación jurídica. Quizá
también en una forma de ponderación de derechos que se lleva a cabo en el
sistema jurídico mexicano, basada en el modelo de Alexy.
También porque, hablando de derecho y de
filosofía, cuando contaba una de mis anécdotas favoritas sobre la forma y
fondo, Reyes Heroles y Carlos Abascal, un abogado que se dedica a realizar
proyectos de resoluciones me dijo que, en ocasiones, se le daba demasiada
relevancia a la forma cuando de ninguna manera es fondo, como lo puede ser el
requerimiento de un colegiado para que se incluya una firma adicional. ¡Qué
maravilla! Un requerimiento de un tribunal pudo ser debatido en un campo de
filosofía, sin fundamentos legales, porque tampoco el Tribunal fue muy claro en
sus fundamentos. En fin.
Un abogado sin filosofía, además de no tener
aroma, es un técnico del derecho. Podrá saber las herramientas del mismo, pero,
como decía un maestro, si no tomas posición en el derecho, no puedes tomar
posesión del derecho. Y para tomar posición en el derecho, habrá que, por
supuesto, pensar y razonarlo. Lo que implica haber leído a algunos de los
clásicos contemporáneos del derecho, en específico de la familia
romano-germánica, como lo es Robert Alexy.
En fin, dicen que los tratados de los grandes
pensadores no sirven, que la praxis es la reina. Quien no piensa así es el
gobernador Alejandro Armenta, que, por lo que he leído en sus entrevistas y
escuchado en sus discursos, sigue las ideas de Max Weber. Y dejen ustedes las
entrevistas: Weber está en las frases del gobierno. O ustedes qué pensaban,
¿que eran ocurrencias?
Vamos con dos grandes ejemplos:
“Por
amor a Puebla”. En la
conferencia El político y el científico, dada a principios del siglo XX, Weber
afirma que la pasión es una de las cualidades primordiales de todo político con
vocación. Sin embargo, no se refiere a cualquier emoción, sino a una entrega
devota a una causa. ¿Recuerdan cuando el gobernador ha dicho que los servidores
públicos se tienen que “consagrar” a la función?
“Más
territorio, menos escritorio”. Weber, en su famoso tratado Economía y sociedad, afirmaba que el
líder político debía recoger las necesidades e inquietudes de la gente, sin
olvidar el aspecto legal. Si bien el gobernador pide a su equipo que se haga
territorio, escuchando las demandas, no se olvida del escritorio. Debe existir.
Hace énfasis en la escucha de la gente, quizá porque es una asignatura que a
los gobernantes se les ha olvidado.
Leo críticas al gobierno de Puebla, pero lo que
no podemos dejar de percibir es que el gobernador Alejandro Armenta ha tomado
posición en una idea de gobernar, fundamentada por un gran pensador, al menos
así lo detecto. Y, sin duda, como en el derecho y en la vida misma, hay que
tomar una posición para poder tomar, en verdad, posesión del arte de gobernar.
Es innegable señalar que el líder político del estado es Alejandro Armenta. A
las pruebas me remito…
Apunte
al aire
Y sí, hablaré de San Martín Texmelucan, que le
entienden a eso de menos territorio y más escritorio. Van algunos ejemplos de
cómo lo pone en práctica Juan Manuel Alonso:
El
Premio Municipal de la Juventud. Por segundo año consecutivo, el presidente municipal, por medio
de su director de Juventud, Rafael Galicia, escuchó a los jóvenes de forma
organizada: mucho territorio, pero con escritorio incluido. Ahí están los
chavos que fueron escuchados por el presidente, con propuestas novedosas,
creativas y con posibilidades de llevarse a cabo.
Otro ejemplo es la forma en que han ejecutado la obra pública. Ya que hablamos de la
forma y el fondo, estas son de las ocasiones donde la forma es tan vital que se
eleva a elemento de existencia del mismo acto. Sin las formas adecuadas para
que la gente participe y sea parte de la construcción de la calle, la obra
pública queda sin alma; se reduce a una obligación, que lo es, por parte del
Ayuntamiento.
Cuando la obra pública se construye sí con
concreto, pero también con el diálogo con la ciudadanía, con los vecinos, con
los beneficiarios, pues, se está construyendo comunidad. Sin dejar atrás lo
técnico.
Este tipo de acciones, cuando están bien
organizadas, brindan un espacio inmejorable de participación ciudadana.
Enhorabuena para Juan Manuel y para todo su equipo.
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