Las lecciones de Apolonio en Texmelucan
Para ganar elecciones más vale ver ala historia y aplicar las fórmulas que sí funcionan.Jesús Horacio Cano Vargas
Hace poco platiqué con
Rodolfo Herrera Charolet. ¿De qué platicamos? De qué más, si no es de San
Martín, es un tema que nos une. De hecho, por eso nos conocimos. En ese tiempo
él era muy crítico de la administración de la que yo era parte. Nos presentó un
amigo en común, hoy funcionario de primer nivel del gobierno del estado.
Platicamos, pude aclararle algunos puntos, pero, con mucha congruencia, sostuvo
su dicho sobre algunas otras cosas. Con el tiempo nos hicimos buenos amigos.
En específico, platicamos de
cuando el PAN ganó por primera vez San Martín. Ni se emocionen, panistas, hoy
no veo ninguna condición similar a la de entonces por la que ese partido
pudiera dar la gran sorpresa y pasar de ser la quinta (o sexta) fuerza política
del municipio a ganarlo. No fue fortuito, ni un acto de magia, más bien fue
estrategia, estructura real, trayectoria del candidato y cercanía con esos
factores reales del poder en San Martín, pero también con el ciudadano de a
pie.
En 1987, cuando era difícil
para cualquier partido de oposición arrebatarle un triunfo al PRI, Apolonio
Méndez Meneses lo consiguió en San Martín. Él era Ingeniero Químico, egresado
de la Universidad de las Américas, es decir, tenía la preparación profesional.
Pero, como ya advertimos, no solamente se requiere de una sólida experiencia
profesional; para ganar elecciones se requiere aún más.
Primero, el trabajo de
terreno. En una época en que el PRI parecía invencible, Apolonio y el entonces
joven panismo Texmeluquense construyeron una estructura de proximidad: visitas
casa por casa, atención a problemas cotidianos y, sobre todo, soluciones
concretas. No promesas vacías. Tan las cumplió que en las siguientes elecciones
ganó de nuevo el PAN y no solo eso, su trayectoria política dice aún más:
después de ser presidente municipal fue diputado federal en dos ocasiones
(1994-1997 y 2006-2009) y senador suplente por unos meses. Siempre desde el
PAN. Siempre con el mismo perfil: técnico, serio, de resultados.
Podría decir que Apolonio es
el político contemporáneo más prominente de Texmelucan, o qué actor político de
fines del siglo XX y principios del XXI ha ocupado tantos cargos de elección
popular. Si alguien sabe, por favor, hágamelo saber.
Rodolfo Herrera Charolet fue
uno de sus amigos más cercanos y, además, socio en una de sus empresas. Según
me cuenta Rodolfo, coincidieron en la UDLA en 1977, cuando ambos cursaban
Introducción a la Contabilidad: Apolonio estudiaba la maestría y Rodolfo iniciaba
la licenciatura. Y cuando Apolonio se dedicó de lleno a la política, Rodolfo
también lo hizo. Vaya, se acompañaron. Está documentado. Me atrevo a decir que,
conociendo a Rodolfo, fue clave en esos dos trienios en donde el PAN gobernó de
forma continua Texmelucan. No se ha vuelto a repetir. Vaya, fue una especie de
reelección de facto. El proyecto tuvo continuidad.
Pero… esta historia viene a
colación y a la pregunta forzada: ¿dónde nació realmente la estrategia para
ganar Texmelucan? ¿Cómo se unieron los tres amigos, Rodolfo, Apolonio y
Heriberto, en uno o varios proyectos? Estamos ante las “estructuras invisibles”,
como las llama el propio Rodolfo en un documento sencillo, pero revelador, que
gentilmente me regaló. Cuando lo leí, me vino a la mente ese detalle: nadie lo
vio venir y el PAN ganó la presidencia… ante la sorpresa de los priístas.
Rodolfo logró ser diputado
por un partido que no existía antes de esa elección en la entidad, donde la
misma estructura invisible le arrebató la diputación a su compañera en
Teziutlán (municipio donde también ganaron la presidencia). Poco antes, en el
PRD, Rodolfo entregó a Miguel Barbosa Huerta la presidencia del perredismo
poblano, siendo miembro de la Dirección Estatal Provisional que organizó las
elecciones internas.
Un PRD sin estructura real,
donde la maquinaria priísta-barbosista y aliados le arrebataron el control a
Mario Vélez Merino y a la entonces diputada, la texmeluquense y amiga mía Laura
Roldán Rubio.
¿Fue acaso una venganza de
Rodolfo cuando ambos pretendieron expulsarlo del perredismo… o fue simplemente
circunstancial? Conociendo a Rodolfo, mejor pregúntenle. Esa ya es otra
historia que me tendrá que contar.
Apunte al aire
Hoy se habla de “estrategia
electoral” en Texmelucan. Conviene voltear a ver ese antecedente. No se trata
solo de redes, de spots o de alianzas de último momento. Se trata de
trayectoria laboral y profesional que genera confianza, y de redes humanas que
operan lejos de los reflectores.
¿Se puede replicar hoy?
Depende. Si algún partido o
coalición apuesta por perfiles con antecedentes laborales sólidos, ingenieros,
abogados, administradores que hayan demostrado capacidad fuera de la política,
pero también dentro, y por esas estructuras que no se ven pero que funcionan,
entonces sí. Si sigue privilegiando al “candidato mediático” o al “operador
puro”, difícilmente. Hoy el presidente municipal cumple con un antecedente
laboral sólido; quizá hace falta que afine su estrategia y su estructura para
lograr la reelección.
Apolonio Méndez Meneses no
fue un producto de marketing. Fue un profesional que se metió a la política y
demostró que se puede gobernar con conocimiento y resultados. Esa es la
verdadera estrategia que le dio el triunfo al PAN en Texmelucan hace casi cuatro
décadas.
La política no es para
improvisados. Las estructuras invisibles, esas que nadie ve venir, siguen
siendo las que más sorpresas dan. Las que más elecciones ganan.

