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Negligencia mortal en Cholula

 


Negligencia mortal en Cholula: Matan a una niña de 6 años en una “cirugía de rutina” y la familia se entera con la carroza fúnebre 

San Pedro Cholula, Puebla, 20 de julio de 2026 

Se llamaba Victoria. Tenía seis años. Entró a la Clínica Sagrada Familia para una intervención quirúrgica que, según le dijeron a sus padres, era de bajo riesgo, rutinaria, casi un trámite. Salió muerta. Sin explicaciones. Sin detalles. Sin piedad. 

Lo que debió ser una operación menor terminó convertido en un drama de negligencia médica que desnuda, una vez más, la podredumbre del sistema de salud privado en Puebla: clínicas que operan con impunidad, protocolos que brillan por su ausencia y una indiferencia criminal ante la vida de los más vulnerables. 

La familia de Victoria denunció públicamente que, tras ingresar a la menor, fueron dejados en la oscuridad. Horas sin información. Hasta que una carroza fúnebre apareció en la puerta para comunicarles, de la manera más brutal posible, que su hija ya no estaba. Los médicos, según los abogados de la familia, se encerraron. Nadie dio la cara. Nadie explicó qué falló. Nadie asumió responsabilidad. 

Esto no es un “lamentable accidente”. Es una ejecución médica. Una niña sana —o al menos sin riesgo aparente— entró por sus propios pies a un quirófano y nunca volvió a salir. Y lo más indignante: la clínica siguió operando con normalidad el fin de semana, como si la muerte de Victoria fuera un daño colateral tolerable en el negocio de la salud. 

¿Dónde están las autoridades sanitarias estatales? 

¿Dónde la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios? 

¿Dónde la Fiscalía General del Estado, que tanto presume de “justicia pronta”? 

Hasta ahora, el único que ha reaccionado es la presidenta municipal de San Pedro Cholula, Tonantzin Fernández, quien prometió una “revisión exhaustiva” de protocolos y permisos. . 

Mientras tanto, la clínica sigue abierta, cobrando consultas y operando a otros niños. Este caso apesta a impunidad clásica poblana: clínica privada con dudosos estándares, familia de luto y autoridades que responden sólo cuando el escándalo estalla en redes. 

¿Cuántos Victorias más han muerto en silencio en quirófanos de tercera en Puebla?

¿Cuántas veces se ha escondido la negligencia detrás de términos como “complicación inesperada”?

La muerte de esta niña no es solo una tragedia familiar. 

Es la prueba brutal de que en México la salud se ha convertido en un negocio donde los errores se pagan con vidas infantiles y las consecuencias casi nunca tocan a los responsables. 

Exigir justicia para Victoria no es suficiente. Hay que cerrar este tipo de establecimientos hasta que se demuestre que operan con estándares dignos de seres humanos. 

Porque mientras sigan abiertas clínicas que matan niños en “cirugías de rutina”, el lema “primero los niños” seguirá siendo una burla macabra. Victoria no murió. La mataron. Y México, una vez más, mira hacia otro lado.