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La fotografía que condenó a Atanacio

 La fotografía que condenó a un rector: el costo irreversible de una alianza imprudente


Maldita la hora en que alguien convenció a Raymundo Atanacio Luna, rector de la Universidad Politécnica Metropolitana, de estampar su firma en un convenio con Rafael Zabalza, conocido como el Francotirador de la Atlixcáyotl. Aquel acto, presentado como mera colaboración institucional, reveló una carencia profunda de juicio estratégico y una incapacidad para anticipar las consecuencias que, en el ámbito público, se pagan con reputación y credibilidad.

La imagen de Atanacio Luna posando junto a Zabalza no requirió de discursos ni explicaciones para generar rechazo inmediato. En política y en la percepción ciudadana, las compañías definen a las personas con mayor fuerza que cualquier currículum o declaración formal. Esa fotografía se convirtió en el sello indeleble que marca su gestión: un rector que eligió alinearse, por conveniencia o descuido, con una figura controvertida cuya trayectoria genera cuestionamientos serios en sectores amplios de la sociedad poblana y nacional. No fue un error menor de protocolo; fue una decisión que expuso falta de filtro, de evaluación de riesgos y de comprensión del peso simbólico que tienen las alianzas en el espacio público.

En lugar de reconocer el daño y mantener un perfil bajo, Atanacio Luna optó por una defensa activa en redes sociales, utilizando el nombre y los recursos de la universidad como parapeto. Esta segunda equivocación resultó aún más dañina que la primera. Cada publicación, cada intento de justificación, no hizo sino revivir la imagen incómoda y extender el escándalo. Lo que pudo haber sido un episodio pasajero se transformó en un ciclo mediático interminable. La institución educativa, que debería proyectar excelencia, rigor académico y neutralidad, quedó expuesta a cuestionamientos sobre su seriedad y sobre la calidad de sus liderazgos.

La torpeza estratégica es evidente: confundir visibilidad con solución. En momentos de crisis reputacional, la prudencia exige silencio calculado, no exposición adicional. Atanacio Luna no lo comprendió. Cada intervención suya consolidó en la memoria colectiva la asociación directa con Zabalza. El ciudadano promedio no revisa expedientes judiciales ni concede beneficios de la duda de manera automática; procesa símbolos, imágenes y emociones. Y esa foto, repetida una y otra vez, se ha fijado como el primer y principal referente de su figura pública.

Pensar en proyecciones políticas mayores para 2027 resulta, en este contexto, un cálculo extremadamente riesgoso. Basta una sola imagen para que cualquier campaña se reduzca a una frase demoledora: “Es quien se fotografió con el Francotirador”. Esa narrativa es sencilla, emotiva y difícil de contrarrestar porque apela directamente a la percepción, no a los argumentos técnicos.

Raymundo Atanacio Luna tenía la responsabilidad de proteger el prestigio de la Universidad Politécnica Metropolitana, no de comprometerlo en alianzas de dudoso beneficio estratégico. La lección es dura pero clara: en el servicio público, las decisiones se miden por sus consecuencias a largo plazo, no por las ventajas cortoplacistas. Una firma apresurada y una defensa torpe han logrado lo que pocos errores consiguen: convertir un cargo de responsabilidad académica en un lastre político permanente. El daño a su imagen y al de la institución que dirige ya no es especulativo; es un hecho consumado que seguirá pesando mientras la fotografía circule.