Mucha opinión… pocas nueces
En los tiempos que corren, el ambiente está saturado de opinión y
de candidatos
¿Se dan cuenta de cómo abundan los programas de opinión? Incluso
muchos noticieros, locales y nacionales, tienen sus mesas de análisis, donde invitan
a veces a periodistas, otras a políticos y otras más a empresarios.
No es queja, para nada. Soy fan de los noticieros y de sus
secciones de opinión; vaya, cada semana participo en un espacio donde doy la
mía.
Siempre he sido asiduo a escuchar los análisis de otros. Quizá era
el único niño raro que desde los 10 años esperaba cada semana para ver Zona
Abierta o llegaba de la escuela para alcanzar la mitad de Los Protagonistas por
la tarde.
Me resulta muy entretenido. Seguro no soy el único, porque estos
programas de debate hoy abundan.
Y luego estamos los que decimos que escribimos y disque esgrimimos
argumentos… o eso intentamos. Nos leemos entre nosotros mismos y uno que otro
funcionario público que tiene su monitoreo de medios, donde además de las notas
relevantes para su función le aparecen las columnas más destacadas de cada
periódico. Hoy, la gran mayoría ya son digitales.
A veces toca leer tremendas odas a algún funcionario público en
funciones; otras veces, chismes con tanto detalle que parecen novelas; y otras,
verdaderas piezas de arte periodístico.
Siempre podemos mandarle mensaje al autor diciéndole: “Qué buena
columna”, o alguna de esas cosas que solemos decir. Quizá para que cuando
nosotros escribamos nos digan lo mismo. De nuevo, no es queja. De ninguna
manera. Es parte del show.
¿A qué voy con toda esta paja de lugares comunes y palabras que
intentan interesar a los cada vez menos lectores de estos espacios de opinión?
Porque ahora las videocolumnas o los TikToks de menos de 30 segundos dicen que
amenazan con desaparecerlos. Baaah! Eso mismo dijeron de la radio allá por el
2000: que iba a desaparecer. Y aquí estamos hoy, con señales multiplataforma
que siguen generándose desde… una cabina de radio.
En fin…
¿Por qué nos gusta escuchar análisis y opiniones ajenas? Intentaré
contestar esa pregunta con tres opciones:
1. Porque en estas mesas siempre hay polémica. Generalmente
existen dos o tres posturas planteadas por los analistas en turno. La
naturaleza humana nos hace simpatizar con una y defenderla como propia.
A veces esto se utiliza para generar opinión pública a favor o en
contra de ciertos temas. Y cuando esos temas trascienden a las sobremesas, ahí
es cuando una mesa de debate realmente es exitosa.
2. Porque en esas mesas siempre hay personajes con los que
simpatizamos, pero también algunos que no soportamos.
Pondré un ejemplo: David Faitelson. No hay forma de que su opinión
te dé igual. Te puede caer bien o mal, pero jamás pasa desapercibido. Es
impresionante lo que genera cualquier cosa que dice.
Así pasa en Texmelucan con mis amigos Laura Roldán y Luis Emilio.
La gente puede no quererlos, pero sin duda son referentes.
3. Porque por naturaleza humana somos curiosos ¿Qué dirá tal
personaje sobre esto? Aunque no nos caiga bien, aunque pensemos distinto, ahí
estamos.
Los fans de la 4T viendo qué dice Carlos Loret de Mola del
gobierno; los conservadores leyendo cómo Viri Ríos lo defiende, aunque
últimamente ha estado sorprendentemente
crítica con el régimen…
Lo importante de leer o escuchar estos espacios —ya sean
deportivos o políticos— es fomentar el pensamiento crítico. No quedarnos con la
opinión del otro, sino construir la nuestra a partir de los argumentos
expuestos. Y vaya que nos va a hacer
falta ese pensamiento crítico hoy, porque las mesas de opinión muchas veces no
se debaten ideas; ahora se debaten candidatos.
Apunte al aire
En estos tiempos tan apasionantes, llenos de pre-precandidatos
—tantos que terminan saturándose entre ellos mismos— sigo viendo que los
grandes beneficiados son quienes buscan la reelección.
Su mensaje es claro: ocupan una posición y la ciudadanía ya los
tiene identificados en ella. Ya los conocen, pues.
Y aquí aparece el famoso refrán: más vale malo por conocido que
bueno por conocer.
El ruido blanco que generan muchos contendientes termina por
dormir a los ciudadanos. Tantos análisis sin alma no crean opinión pública;
solo saturan el ambiente. Al final, entre tanta simulación de propuestas y
candidatos de TikTok, el ciudadano voltea a ver lo que ya conoce. La oposición se diluye en su propio ruido y
le termina haciendo la campaña a los de siempre. En estos tiempos de
inmediatez, tome sus precauciones: no grite, no empuje, guarde la calma… y no
hable con juguetes extraños.

