Círculos virtuosos para el municipio
La
participación ciudadana puede mejorar la recaudación y fortalecer a los
municipios.
La virtud es la adquisición
de un hábito mediante la repetición de acciones buenas. No lo digo yo; estoy
parafraseando al mismísimo Aristóteles. Y, siguiendo con el mismo autor —traído
al saber occidental por el Aquinate en la Edad Media—, existen cuatro virtudes
cardinales, de las cuales derivan las demás: Templanza, Prudencia, Fortaleza y
Justicia.
Los municipios necesitan
crear círculos virtuosos, adquirir hábitos; lo que, para los entes públicos o
privados, significa crear y fortalecer instituciones. La idea es que cualquier
persona que llegue al cargo deba seguir ciertas recetas que en verdad funcionan,
o adaptarlas de acuerdo con los cambios, pero que no sean ocurrencias de un
trienio o llamaradas de petate de una campaña.
Las instituciones deben
funcionar conforme a ciertos principios. Uno que para mí es apasionante y
siempre traerá buenos frutos es la Participación Ciudadana. Una política
pública, con sus reglas de operación, reglamentos, presupuestada, alineada a
una buena planeación y debidamente fundada en la legislación vigente, alcanza
un mayor grado de perfección cuando está socializada con la ciudadanía; y su
impacto es todavía mayor cuando el proyecto en sí se gestó en la sociedad.
La semana pasada
señalábamos que la verdadera autonomía de los municipios radica en su
independencia fiscal. Esbocé algunas propuestas de cómo se podía fortalecer la
hacienda municipal. También di ejemplos de municipios que lo hacen muy bien.
Lo hacen muy bien porque el
ciudadano cuenta con los servicios básicos que brinda el municipio: sus calles
están iluminadas, hay inversión en seguridad, sus caminos no tienen baches y
existen otras acciones que los ciudadanos reconocen de su autoridad. Entonces
pagan sus impuestos. Pero me dirán los presidentes municipales: para que esto
pase necesito recursos, y si no los tengo no puedo invertir en servicios. ¿Qué
es primero, el huevo o la gallina?, me dicen. Yo les digo: se trata de generar
círculos virtuosos.
Sin duda, el corazón de la
eficiencia en la recaudación es la Participación Ciudadana. Desafortunadamente,
el “deber ser” no siempre es el motor de cumplimiento en las personas. Donde el
ciudadano ve que sus recursos trabajan es, generalmente, en los municipios que
tienen menores índices de morosidad. Si tu calle está iluminada y no tiene
baches, existe un impulso de justicia que hace que la gente pague su predial,
por ejemplo. Existe una correlación entre mayor recaudación y la presencia de
transparencia y rendición de cuentas.
Existe una política pública
denominada Presupuesto Participativo. Quizá sea la política pública que puede
romper con el dilema de muchos alcaldes sobre qué es primero, si el huevo o la
gallina, ya que genera confianza inmediata en la ciudadanía. Solamente el 5% de
los municipios de México lo llevan a cabo. ¿En qué consiste? En involucrar a la
población en la priorización de cierta parte del gasto. Vamos a algunos
ejemplos:
En Zapopan, al momento de
pagar su predial, a cada ciudadano se le entregaba una boleta en la que se
enumeraban los 10 proyectos de infraestructura más urgentes de su zona. El
resultado de ese ejercicio fue que se convirtió en el municipio con mayor recaudación
por concepto de predial en todo Jalisco, superando incluso a la capital,
Guadalajara.
Vamos con otro ejemplo. En
Cuautitlán Izcalli se implementó el presupuesto participativo. En este esquema
se premiaba a las colonias que tuvieran menor tasa de morosidad. Si en tu
colonia menos gente debía, el presupuesto se dirigía a esas zonas. ¿Cuál fue el
resultado? Si antes del funcionamiento del presupuesto participativo los
ingresos propios estaban cerca del 38%, después de la puesta en marcha del
programa llegaron a ser hasta el 48% del total.
Con estas políticas
públicas, el impuesto deja de ser algo que el Estado me quita para convertirse
en una especie de inversión comunitaria. Y no solo eso: es también una buena
forma de fortalecer el tejido social.
Apunte
al aire
La Participación Ciudadana
muchas veces parece usarse solamente para cumplir un requisito establecido en
la ley. Van algunos ejemplos:
Para hacer un proyecto de
infraestructura, en el expediente se requiere la integración de un comité de
obra. Sin este comité, el expediente no estaría completo.
La ley orgánica municipal
prevé la creación de Consejos de Participación Ciudadana. Incluso en algunos
municipios como Puebla o San Martín Texmelucan cuentan con reglamentación
específica.
Es bueno que estén en la
ley e incluso que cuenten con reglamentos, pero no es suficiente para que
tengan vida. Muchas veces se vuelven una especie de participación de
ventanilla, una participación ficción. Se necesita voluntad de la autoridad y
confianza por parte del ciudadano.
Una forma de incentivar esa
participación es otorgarle cierto presupuesto. Como dicen: amor que no se
refleja en presupuesto… no es amor. El presupuesto participativo es una gran
opción.

