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No es inocente. Es irregularmente procesado. Y en MC eso ya es un género literario

 No es inocente. Es irregularmente procesado. Y en MC eso ya es un género literario.


Fedrha Suriano Corrales salió otra vez a defender a su alcalde de Tepeyahualco, Said de Jesús Godos Luna, detenido el 4 de septiembre. No lo lavó. No lo absuelve. Lo recubre de procedimiento. El truco es antiguo y eficaz: si no puedes negar el cargo, denuncia la forma. El fondo queda en cuarentena. Los derechos, en cambio, salen a escena con traje de gala. 

La dirigente lo redujo a “delito menor”: cohecho y abuso de autoridad. Menor, claro, como quien clasifica un incendio por el tamaño de la cerilla. Esos delitos, según ella, no ameritaban prisión preventiva. El escándalo no es que un edil esté preso; el escándalo es que no lo hayan soltado de inmediato. En esa lógica, la cárcel es el exceso y la imputación, un detalle de trámite.

Cuando después aparecieron carpetas federales, Suriano encontró el segundo comodín: eso ocurrió “en otro momento” y no le fue notificado al instante de la detención. Primero el delito chico. Luego el expediente que crece. Siempre hay un después conveniente. Siempre hay un formalismo que no se cumplió. El calendario, en estas defensas, es más útil que la inocencia.

El contexto no ayuda, y por eso se menciona lo menos posible. En 18 meses, Movimiento Ciudadano ya lleva cuatro ediles detenidos. Los González Vieyra —Chalchicomula, Tlachichuca, San Nicolás Buenos Aires— y ahora Godos Luna. En dos años, Puebla ha cosechado siete alcaldes caídos: cuatro de MC, dos de Morena, uno del PT y un prófugo del PRIAN. Una estadística ecuménica, sí. Pero el naranja ya no puede disfrazarse de accidente aislado. Empieza a parecer método de reclutamiento con mala suerte crónica. Y entonces llega la parte edificante.

 Frente a 2027, Suriano concede que hay que frenar “perfiles cuestionables” y endurecer filtros: no solo para el candidato a presidente municipal, sino para toda la planilla. Traducción: el partido acaba de descubrir que elegir gente implica revisar a la gente. La epifanía llega puntual, justo cuando el cuarto munícipe ya está en el inventario judicial.

No lo llama inocente. Lo llama mal procesado. No habla de responsabilidad. Habla de garantías. No limpia la ficha. Reordena el relato. Y al final promete mejores filtros, como si el problema hubiera sido siempre la malla y no la costumbre de meter por ella a quien luego hay que defender sin atreverse a decir que no hizo nada.

En MC, al parecer, el debido proceso no es un principio. Es el último refugio cuando el candidato ya no cabe en la foto.