La Sucesión
El que entrega y el que se va deben de saber
que esto es efímero, como el tiempo mismo.
Por Jesús Horacio Cano Vargas
Qué complicado es la sucesión en un puesto.
Requiere mucha madurez, de quien lo deja y de quien llega. Para el que se va, sacudirse
el ego, despedirse de los amigos del puesto y reinventarse para lo que viene.
Siempre lo que viene conviene, unos dicen; yo puedo decir que me consta. Para
el que llega, con el simple hecho de saber que es efímero, como el tiempo
mismo, es suficiente. Tratar al que se va, recordando que seguramente más
pronto que temprano estarás en esa silla. Mi padre decía que esto es como una
olla de frijoles o la rueda de la fortuna: a veces arriba, a veces abajo. El
Papa Francisco decía: “Cuando vayas subiendo, saluda y trata bien a todos. Son
los mismos que te vas a encontrar cuando vayas bajando”.
Luego vienen esos temas engorrosos de
entrega-recepción. A veces hay que ser muy frío, porque lo que te juegas es tu
propio pellejo. El que sale tiene que ser cuidadoso en dejar las cosas bien; el
que entra debe de revisar que todo esté en orden y observar lo que está fuera
de lugar. De lo contrario, esos “desacomodos” serán propios y habrá que
enfrentarse a ellos a la hora de entregar.
Después vienen las tentaciones, de uno y de
otro. Al que deja el puesto le podría ser fácil criticar estilos o formas de
hacer las cosas. Para quien llega, la tentación está en echar culpas, que, como
ya he dicho muchas veces en este espacio, es de mediocres. Quizá es una de las
cartas que se deben de quemar cuando se está en un aprieto: echarle la culpa al
pasado puede ser una salida razonable, pero cuando ya es crónico, sin duda es
patológico.
El día lunes 21 de septiembre de 2026, a las 4
am, tiempo de México, el Vaticano anunció que el Papa León XIV aceptaba la
renuncia a Monseñor Víctor Sánchez Espinosa y nombraba como Arzobispo de Puebla
de los Ángeles a Monseñor Jorge Carlos Patrón Wong. Para los que estábamos
despiertos a esa hora y además somos aficionados de los eventos históricos,
seguramente recordaremos siempre esta madrugada. No es poca cosa, estamos ante
la sucesión de una de las diócesis más importantes de México.
Por cierto, algunos apuntaban que era un obispo
no poblano; sin embargo, como sus antecesores, también pasó por el Seminario
Palafoxiano. Además de sus estudios y los encargos, hace no mucho tiempo tuvo
en Roma, sin duda el Papa pensó muy bien la sucesión en la Iglesia
Angelopolitana. Se nota que le interesa mucho el destino de esta diócesis.
Para los que creemos, los obispos son sucesores
nada más y nada menos que de los apóstoles. Son la máxima autoridad
eclesiástica en su territorio. Son los únicos que pueden celebrar ciertos
sacramentos, como la Confirmación, que lo pueden hacer por delegación, o la
Ordenación Sacerdotal. El Papa es el Obispo de Roma, el primero entre iguales,
sus iguales: los obispos, repito, los sucesores de los apóstoles.
¿Y cómo será la sucesión? Pues como se ha hecho
en una institución que tiene más de 2 mil años, algo deben de hacer bien. Se
nos llena la boca hablando de los malos Papas, obispos o sacerdotes; pero
también estamos los malos laicos y, a pesar de ello, ahí está, como la Puerta
de Alcalá, viendo pasar el tiempo. A pesar de los errores humanos, no ha
cambiado en esencia su concepción de lo bueno y lo malo. No porque un Papa,
obispo o sacerdote haya sido de una forma u otra, la institución se adaptó al
capricho. Quizá ahí está la clave.
Desde Pedro hasta León XIV, los 267 Papas que
ha tenido la Iglesia Católica Universal, así como en nuestra Iglesia local, la
de Puebla y sus 40 obispos, desde Fray Julián Garcés, pasando por el gran Beato
Juan de Palafox, hasta llegar a Don Víctor Sánchez. La sucesión siempre ha
tratado de continuidad.
No vemos a un Papa borrando del magisterio de
la Iglesia la encíclica de un Papa anterior, todo lo contrario. Tampoco vemos
algún obispo de Puebla construir una tercera torre a catedral. Dirán que es
absurdo, pero créanme, en las sucesiones civiles he visto eso y más, con tal de
derrumbar la imagen de su antecesor. Usted, lector, puede dar fe de ello.
Apunte al aire
Necesitamos sucesión de continuidad y no de
rompimiento. A veces el ego estorba, pero aprovechar el impulso de lo antes
hecho podría ser de mucho beneficio. A veces toca aprender de esta institución
de tradiciones milenarias, que por algo ha sobrevivido a persecuciones, cismas,
escándalos y lo que se les pueda ocurrir.
Los candidatos que hoy se postulan, la primera
carta que ofrecen a la ciudadanía es dinamitar todo. Sin fijarse en que. Lo
primero que hacen es cambiar a todo el equipo de trabajo, hasta resulta una
obviedad. En cambio, vea usted: el primer anuncio del Arzobispo electo de
Puebla fue que los obispos auxiliares se quedan.
Prometen, pero no ven que, al menos en Puebla,
los primeros seis meses de gobierno, sin una entrega-recepción tersa, resulta
casi imposible concretar acciones y, con ello, ya se fue una sexta parte de la
administración. El romper con lo que está, a veces parece más importante que
construir una mejor ciudad. Ven por qué les digo que no es tan absurdo eso de
la tercera torre de catedral.
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