Ladrón se convierte en estatua viviente: seis horas atrapado en su propio boquete épico en Jardines de la ResurrecciónUn hombre de 32 años decidió que esa noche sería la suya, la gran hazaña, el momento en que su nombre resonará en las sombras de Puebla como el nuevo Houdini del asalto residencial. Lo que no calculó es que la casa en Jardines de la Resurrección tenía otros planes para él.La entrada triunfal que nunca salió
Alrededor de las 2:30 de la madrugada del 29 de enero de 2026, el individuo forzó una ventana trasera y se metió por un boquete que él mismo abrió en la barda perimetral. En su mente, seguramente ya se veía saliendo con bolsas llenas, silbando bajito, héroe de su propia película barata. Pero la realidad, esa vieja borracha que nunca miente, tenía preparada una sorpresa: el hueco era suficiente para entrar, pero no para salir. Quedó atorado como rata en trampa de queso invisible.Seis horas de reflexión forzada
Durante seis largas horas el tipo permaneció inmóvil, medio cuerpo dentro, medio fuera, sudando, maldiciendo en silencio y preguntándose en qué momento su gran plan se había convertido en una mala broma cósmica. Los vecinos, al amanecer, escucharon gemidos que primero confundieron con un gato en celo y después con un humano en apuros serios. Alguien llamó al 911. Llegaron patrullas, bomberos, curiosos con celular en mano. El espectáculo matutino estaba servido.El rescate y la detención con honores
Elementos de Protección Civil y Policía Municipal tuvieron que usar herramientas para agrandar el boquete y extraer al aspirante a ladrón. Una vez liberado —más bien desatascado—, lo esperaban esposas y una patrulla con destino a la Fiscalía General del Estado. Quedó detenido por tentativa de robo a casa habitación y daño en propiedad ajena. Su épica duró lo que dura un mal chiste: el tiempo exacto entre la entrada y el ridículo total.Moraleja urbana sin azúcar
Mientras algunos sueñan con ser el rey del barrio, otros terminan siendo la anécdota que los vecinos cuentan durante años con media sonrisa. En este caso, el ladrón no se llevó nada más que una contractura monumental y el recuerdo imborrable de haber sido, durante seis horas, la estatua más patética de Jardines de la Resurrección. A veces la vida no te da el gran golpe que planeas; te da uno mucho más humillante, y gratis.
Alrededor de las 2:30 de la madrugada del 29 de enero de 2026, el individuo forzó una ventana trasera y se metió por un boquete que él mismo abrió en la barda perimetral. En su mente, seguramente ya se veía saliendo con bolsas llenas, silbando bajito, héroe de su propia película barata. Pero la realidad, esa vieja borracha que nunca miente, tenía preparada una sorpresa: el hueco era suficiente para entrar, pero no para salir. Quedó atorado como rata en trampa de queso invisible.Seis horas de reflexión forzada
Durante seis largas horas el tipo permaneció inmóvil, medio cuerpo dentro, medio fuera, sudando, maldiciendo en silencio y preguntándose en qué momento su gran plan se había convertido en una mala broma cósmica. Los vecinos, al amanecer, escucharon gemidos que primero confundieron con un gato en celo y después con un humano en apuros serios. Alguien llamó al 911. Llegaron patrullas, bomberos, curiosos con celular en mano. El espectáculo matutino estaba servido.El rescate y la detención con honores
Elementos de Protección Civil y Policía Municipal tuvieron que usar herramientas para agrandar el boquete y extraer al aspirante a ladrón. Una vez liberado —más bien desatascado—, lo esperaban esposas y una patrulla con destino a la Fiscalía General del Estado. Quedó detenido por tentativa de robo a casa habitación y daño en propiedad ajena. Su épica duró lo que dura un mal chiste: el tiempo exacto entre la entrada y el ridículo total.Moraleja urbana sin azúcar
Mientras algunos sueñan con ser el rey del barrio, otros terminan siendo la anécdota que los vecinos cuentan durante años con media sonrisa. En este caso, el ladrón no se llevó nada más que una contractura monumental y el recuerdo imborrable de haber sido, durante seis horas, la estatua más patética de Jardines de la Resurrección. A veces la vida no te da el gran golpe que planeas; te da uno mucho más humillante, y gratis.
