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Masacre en pueblo beisbolero

Minatitlán, Ver.- En la funeraria Santa Cruz, un grupo de niños ofrece arreglos florales a César Hernández, alias “El Volvo”, quien fue su entrenador de beisbol en la liga infantil de Minatitlán. César fue la víctima número 12 en la masacre del salón La Potra; su hijo Santiago, de 1 año de edad, fue el número 13.

El ambiente es sórdido en el velatorio minatitleco. Todos desconfían de todos. En un rincón, una mujer explica a dos pequeños vestidos con camisitas negras que su padre, César, y su hermano menor, Santiago, ya no estarán con ellos. Y les pide que oren por su madre, Nancy, quien se carea con la muerte en el Hospital de Pemex, pues recibió cinco balazos la misma noche del 19 de abril.

Se ignora si los menores ya saben que junto a su padre y su hermano, también fue ejecutada su tía-abuela Irma Barrera; y que su tío Marcos Davis –hijo de Irma- comparte hospital con su madre Nancy, pues tampoco escapó de la saña de al menos seis integrantes de la delincuencia organizada; dos de ellos plenamente identificados, según confirmó a este medio el secretario de Seguridad, Hugo Gutiérrez Maldonado.

Es la imagen de lo que queda de la familia Hernández Olivares. Los asistentes al cortejo fúnebre se dicen consternados y no dan crédito de lo sucedido. Hace apenas tres días, todos festejaban el primer aniversario de Santiago, cuyas fotos pasaron de sonreír rodeado de globos dorados a verse yacido entre charcos espesos de sangre.

En el patio de la funeraria también se han reunido diez hombres de brazos fornidos, la mayoría de ellos coincidieron con Cesar Hernández en el Instituto Tecnológico de Minatitlán, donde se graduó en 2005 como ingeniero electrónico. Pero, el lazo más fuerte con la víctima es el llamado Rey de los Deportes. Nada fuera de lo normal en Minatitlán, que se caracteriza por dos actividades que el presidente de la República López Obrador promueve: el beisbol y el petróleo.

“César nació jugando béisbol, le iba a los Dogers. Descansaba dos días a la semana. Cuando llegaba de trabajar del Complejo Petroquímico se iba a entrenar con los niños. Es curioso porque los dos hijos que le quedan eligieron el futbol”, sonríe uno de los amigos y da un trago agresivo a una cerveza Ultra.

De hecho, cuentan los hombres, la mayoría de las personas que fueron masacrados en el salón La Potra eran amigos y aficionados al beisbol. Aquella noche, refieren, todos celebraban el cumpleaños 52 de Fulvia Salinas Jiménez, quien sufrió una crisis nerviosa al ver la matanza en primera fila.

El resto de los finados fueron entregados con sus familiares. En el velatorio Minatitlán rezan las familias de Leobardo Salinas Jiménez, un instructor de Crossfit que deja en la orfandad a dos niños y Hebert Reyes Martínez, conocido por sus compañeros de PEMEX como El Potro, quien grabó en su celular escenas de la fiesta segundos antes de la tragedia.



Pueblo beisbolero de luto

Será este domingo 21 de abril, en punto de las 15:00 horas en el campo de beisbol 18 de marzo, donde pequeños y grandes rindan homenaje de cuerpo presente a César Hernández, a Santiago “Santi” e Irma Barrera. La invitación difundida en redes sociales es vestir de blanco y portar un globo de helio.

Jugadores de la liga infantil y juvenil de Minatitlán volverán a las canchas donde compartieron partidos semana a semana con su entrenador “El Volvo”, hombre robusto, que sus amigos aseguran, reunía una característica fundamental de beisbolero: “Siempre se puede ser borracho, pero sano”.

A César lo recuerdan cada viernes cuando regresaba de trabajar y cogía su guante de piel y su bate para entrenar con menores, alejándolos, quizá, de prácticas delictivas, de acuerdo con la ideología de Andrés Manuel López Obrador.

Los conocidos de las demás víctimas, reprueban versiones en notas periodísticas sin crédito de autor, que relacionan la masacre de Minatitlán con un ajuste de cuentas entre grupos de la delincuencia organizada.

“Todo esto está de la chingada. Con el tiempo las pinches autoridades han manejado que es una limpia entre ellos (delincuentes). Pero eso ya no es así. Ahorita le parten su madre a quien sea. Antes se veía en los antros de mala muerte pero ahora se nos meten a la casa y se meten con los niños. ¿Ya no debemos hacer fiestas o qué chingados?”, fustigan.

Hasta el momento, las autoridades estatales no han reportado culpables por este hecho que se consolida como el más sanguinario en el gobierno del morenista, Cuitláhuac García Jiménez. El caso, no obstante, ha reavivado un pleito político entre el titular del ejecutivo y la Fiscalía General del Estado (FGE), Jorge Winckler Ortiz. 

Esta afrenta entre poderes, llega hasta las pantallas de los celulares de los deudos en el funeral, quienes molestos reviran: “Habrá justicia cuando el gobernador y el Fiscal se dejen de pleitos y dejen de hacer mamadas. Mientras tanto por aquí solo hay mucha impotencia”, lamentan.

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