jueves, 28 de abril de 2016

¡Jajaja! ¿Pensaste que era en México?

Kerala, India
Seguramente en México hay muchos maestros dedicados, que arriesgan su vida, dan más de lo que tienen y hasta ponen de su salario para ir en busca de aquellos niños que tienen esperanza de que llegue a impartirles el pan del saber, desde luego que no son militantes del PANAL, ni del PRI, ni del PAN, ni de... bueno... no son militantes de ningún partido... porque si lo fueran, ya serían candidatos a diputado. 

Navegando por el inmenso mundo del Internet nos encontramos un hermosa historia de un hombre que, a pesar de que no es de nuestro país, el esfuerzo que hace para brindarles el pan del saber a los niños es inmenso. Su nombre es Abdul Mallik, un profesor indio que cruza a diario un río para reunirse con sus alumnos de la escuela primaria. No utiliza un puente ni una embarcación: lo hace nadando.

La historia de Mallik ha cruzado las fronteras. Este hombre, un padre de familia que ya ha rebasado la frontera de los cuarenta años de edad, vive en Malappuram, en el estado de Kerala, al sur de la India, y en 1992 comenzó a trabajar como profesor en una escuela de primaria en la zona. El trabajo le encanta, pero desde el primer día topó con un problema difícil de resolver: las dificultades para llegar al centro de estudios desde su lugar de residencia.

No dispone de automóvil propio, la primera opción que a cualquiera se le ocurre es el transporte público. Sin embargo, esta vía no es precisamente cómoda en Malappuram. Abdul necesitaba caminar alrededor de dos kilómetros y tomar dos autobuses para alcanzar la escuela, un trayecto de nada menos de tres horas. Para colmo de males, ni siquiera madrugando podía evitar llegar tarde a su puesto de trabajo en numerosas ocasiones. Harto de la situación, pero lejos de rendirse, el maestro se puso a pensar en alternativas.“Se me ocurrió que si era capaz de atravesar el río llegaría más rápido, con más facilidad y sobre todo puntual”, explica Malik. 

Así fue cómo empezó a cruzar el río a nado cada mañana. Le lleva diez minutos llegar andando a la orilla desde su casa.En cuanto alcanza la otra orilla, se cambia de ropa, sólo necesita caminar un kilómetro más para presentarse en la escuela, listo para impartir sus clases a los jóvenes. De paso ahorra en autobuses 30 rupias diarias, unos 40 céntimos; cantidad nada despreciable teniendo en cuenta que su salario está en torno a los 400 euros mensuales.La historia de este ejemplar maestro llena de mucho orgullo a los pobladores de la zona, quienes le agradecen profundamente el esfuerzo que realiza cada día para educar a los futuros profesionales del mañana.

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