martes, 6 de octubre de 2015

Desde la Celda 119

Celda 119, la vida de quince reos en un cuarto de tres por tres en San Pedro
Sergio Mastretta 06 Octubre 2015

Celda 119, la vida de quince reos en un cuarto de tres por tres en San Pedro

La segunda ruta de la conversación con Adán y Paúl Xicale

Afuera queda el delito. Aquí entra el ser humano. Frase pintada en el patio de acceso a las crujías que encierran la vida de los reos en la prisión de San Pedro Cholula

Son quince los presos en la Celda 119, cada uno tiene un número, cada uno ocupa un lugar definido en el que duerme. Adán y Paúl Xicale fueron encerrados primero en la celda 120. Ahí les tocó suelo las primeras cuatro noches. Porque no hay otra forma en la que quepan 15 personas en un cuarto de tres por tres metros: ocho reos tienen que dormir en el piso, sobre cobijas o colchonetas; uno más duerme en el baño; el décimo cuelga una hamaca –de hecho, una cobija con mecates--; y cinco más tienen cama. Adán compró una cama por 700 pesos, elaborada de madera ahí en la prisión por un reo; Paúl no cabe en esa cama de 1.60 por 60.

Desde el patio central, esa explanada de 25 por cuarenta metros en la que los presos dan vueltas y pasan las horas entre las 8 de la mañana y las cinco de la tarde, observo las mirillas enrejadas de las celdas. Las del segundo piso se adornan con camisolas y pantalones que los presos cuelgan para que sequen al sol de la tarde. No hay manera de entrar allá arriba a esta hora, y ni qué decir que siempre será mejor pasar el día fuera de ese encierro en el que se vive acostado desde la media tarde hasta la mañana del día siguiente. Todos los días de los años que duren tu proceso y tu sentencia. Es la brutalidad del sistema carcelario mexicano.

No perder la identidad

Adán Xicale reflexiona sobre la vida que se escurre por entre las rejas de las celdas, y me da con ello una idea de las capacidades que se traen a la cárcel y explican la sobrevivencia de  los hombres libres pero presos de un sistema injusto y represor:

“Tenemos Paúl y yo una mentalidad, que la vida que llevamos aquí tenga algo de nuestra vida en casa. Lo más elemental, pero lo que más pierden los internos aquí adentro, el aseo: que nuestro lugar esté aseado. Así intentamos no convertirnos en un número, que no nos identifiquemos por el número de celda, que no nos convirtamos en un uniforme. No, en las cosas mínimas que tenemos guardamos nuestra propia identidad, en ellas está el hogar que nos quitaron: en la jerga limpia que utilizamos como mantel, en los vasos y cucharas que utilizamos –porque aquí todo lo tiran, los reos no tienen cuidado por la higiene de sus alimentos--, ahí está nuestro espacio íntimo. Somos los únicos en este CERESO que intentamos no perder la mentalidad del hogar. Aquí la mayoría cae en ese comportamiento uniforme en el que ya no eres tú y no eres más que un número de celda. Aquí la gente se deja ir, se tira en cualquier lado, ya no le importa si come junto a la basura, ya no se espantan las moscas. Aquí la gente poco a poco pierde el sentido de la vida.

La Celda 119

Ahí, en ese espacio mínimo, que no es distinto de las otras 38 celdas que tiene la prisión para los varones, han pasado el último año Adán y  Paúl acusados de delitos que no cometieron. Le llaman la celda de los presos políticos.

Uno por uno, hago un recuento de sus compañeros de celda:

Interno 1: Rafael Tula, detenido en Coronango por el conflicto de las mototaxis; acusado por daño en propiedad ajena por el incendio de una patrulla y heridas a un oficial de San Gregorio Atzompa. “El propio Secretario de Seguridad Pública dijo que al policía no le pasó nada –afirma Adán Xicale—, pero el Ministerio Público señaló lesiones calificadas.” Le dieron 32 años de cárcel.

Interno 2: Manuel X. Acusado de secuestro en Esperanza, Puebla. Alega que es inocente. Le espera una condena no menor a 40 años.

Interno 3: Adán Xicale, de 56 años.

Interno 4: Sabino Leonardo Báez Serrano, hasta antes de su detención, presidente de la junta auxiliar de La Resurrección. Identificado con el Partido Acción Nacional. Se opuso a la desaparición de las juntas auxiliares y la pérdida del registro civil. Acusado de peculado –utilizó un vehículo oficial para ir a una manifestación a la ciudad de México-- y resistencia de particulares –se resistió a un citatorio del juzgado--. Le esperan 38 años.

Interno 5: Christian X., de Tlaxcalancingo. Acusado de homicidio por complicidad en el secuestro y homicidio de una mujer. Al parecer, un tipo de Tenancingo, Tlaxcala, el pueblo identificado por la actividad de lenocinio, enamora a una muchacha de Tlaxcalancingo; la secuestra, no pide rescate; la chica aparece muerta en Acajete unos días después; el novio es detenido por la policía en una camioneta propiedad de Christian, quien se la había prestado. Lleva año tres meses en la cárcel.

Interno 6: Adán Xicale Coyópol, de 25 años cumplidos a mediados de septiembre.

Interno 7: Alfredo Portillo. Detenido por el conflicto de las mototaxis, esta vez en Xoxtla. Acusado de daño en propiedad ajena por incendio de vehículo oficial. El afirma que defendió a una señora de la golpiza de la policía. Lleva año tres meses en prisión.

Interno 8: Teo Mejía Albor. Su caso quedó relatado arriba. De broma, le llaman “el terror de los taxistas”. Por el pleito con un taxista acabó acusado de asalto y lesiones con agravantes. Lleva diez meses en la cárcel.

Interno 9: Ricardo X. Acusado de robo. Le esperan 26 años de prisión. “Aquí no les voy a robar”, les dice a sus compañeros de celda.

Interno 10: Omar X. Homicidio por riña y lesiones calificadas. Le acusan del asesinato de un ciudadano norteamericano, académico de la UDLA. Su familia y sus amigos alegan su inocencia.

Interno 11: Pablo X. Acusado de tentativa de robo de vehículo. Originalmente lo acusa la hija de un magistrado del Tribunal en Puebla. Obtuvo un amparo que lo dejó libre por unos minutos, pues fue inmediatamente detenido, acusado de lo mismo pero esta vez por el propio magistrado. Lleva diez meses en la cárcel.

Interno 12: Joel X. Acusado de robo y desmantelamiento de vehículo en Santa Clara Ocoyucan. El caso es confuso. La policía encontró el automóvil en un terreno de su propiedad. No detuvieron a los autores del robo. Joel es el único detenido.

Interno 13: David X. Detenido junto con otros dos por robo de las redilas de un tráiler. Es acusado por los propios judiciales que lo detienen. Él afirma su inocencia, pero el MP no le da valor a sus declaraciones. Le esperan 27 años de condena.

Interno 14: Alberto X. Ingeniero mecánico, se preparaba para entrar a trabajar a AUDI. Acusado por robo de vehículo, fue absuelto y liberado, pero el MP le vuelve a fincar responsabilidad por el mismo robo y lo detiene nuevamente.

Interno 15: Christian X. Fisioterapeuta. Acusado de violación a un menor de edad. Lleva mes y medio en la cárcel. Es el preso más nuevo en la celda 119.



Presos políticos y reos comunes
Adán y Paúl sostienen esta conversación a la vista del barullo de los reos en este día de visita:

Paúl: Sí hay un trato distinto para nosotros. Hay un respeto de los reos comunes, se identifican cuando entienden los motivos que nos tienen aquí. Y también hay indiferencia…

Adán: Me buscan para un consejo. Me identifican como alguien que no debería estar aquí. Por eso nos tienen confianza, saben que no somos malandros. Y los reos pesados, los reos dominantes también nos consideran distintos.

Paúl: No es protección, pero sí es un trato distinto, algo así como “no me meto contigo”.  Para nosotros no hay apodos, es Don Adán, Paúl… Ese es el trato.

Adán: Nosotros les hemos dado nuestra versión. Ahí en la celda, los otros internos han leído lo que aparece en los diarios que nos traen. Ahí lo comentamos y les explicamos qué es lo que pretende el gobierno en la Pirámide, porqué estamos aquí, y ellos lo entienden.

Paúl: Pudimos ver aquí el documental “Voces de Cholula, luz bajo la tierra”, pero no permitieron que lo vieran los otros presos, según porque puede malinterpretarse, que puede inducir a un motín.

Soledades colectivas
Regreso de la conversación al patio central del penal de San Pedro. Es 15 de septiembre y ya algunos presos alistan la romería que viene por el festejo patrio; todas las mesas están ocupadas por los presos que han recibido visita familiar; las tiendas instaladas en pasillo de acceso al patio, frente a la hilera de teléfonos y el comedor de la prisión, trabajan para la comida que viene. Los chocos de un sonido se ocupan de las enormes bocinas que atarantarán al vecindario con las rancheras y los iajajay patrioteros. Todo ocurrirá hasta que den las cinco de la tarde.

Allá dentro, hacinado, quedará el grito de silencio en el corazón de los prisioneros.

No habrá noche de grito para los ciudadanos para los presos políticos Adán y Paúl Xicale.

Qué vergüenza me da México.

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